Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
En abismos insondables
soñaba el mar con la tierra.
Sueños de amor
que ella, en él despierta.
Sueña el mar
que la tierra le espera
y desea ir a ella,
en un abrazo de olas
que van y vienen,
(promesas de amor
al infinito repetidas),
rompiendo en la playa,
derramando besos,
caricias enamoradas
que se escriben en la arena.
Imagina a la tierra
sedienta de sus abrazos,
esperando, ansiando
entrelazar
en blanca espuma sus manos.
Emergió el mar.
Corrió, ardiente,
hacia las costas,
mas... en vez de playa,
del duro muro
vuelven sus olas rotas.
La tierra,
en altivo acantilado trasformada,
se alza ante él,
ajena a tanto amor.
En otros sueños ocupada.
La blanca espuma
no surge de las manos entrelazadas,
sino del afán, que se rompe,
ante la indiferencia
de quien tanto cariño ignorara.
Luce el sol.
El cielo no se empaña.
Llora el mar lágrimas saladas.
Una última caricia, muere
en una solitaria playa,
poniendo en la arena un beso
con sus labios de agua.
Yace frío el ardiente mar,
muerto en negro abismo.
En alguna sima,
como reflejo de su alma,
se origina
un ir y venir de agua.
Mira la tierra
el mar en calma,
la rubia arena
enmarca su cara.
Tienen sus ojos
la color del cielo
en el mar reflejada.
¡Cómo miran tus ojos,
que me traspasan el alma!