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Sueñende

DeRojas

Poeta recién llegado
A medida que pasa el tiempo y llegas a una cierta edad te das cuenta de que no eres nadie. Trabajo, casa, y trabajo.
Tus sueños infantiles los custodia el duende verde que se esconde en el fondo del armario, aquél que mientras duermes vela tu sueño y espanta los malos espíritus.
Mi vida era una completa rutina,esa guardiana y custodia del tiempo que yo tanto odiaba pero nunca moría.
Aquella mañana estaba decidido: Sacaría al duende del armario y me lo llevaría lejos, tan lejos como pudiera la imaginación llevarnos.
Telefoneé a mi jefe y puesto que no podía explicarle tal absurda situación, ni el motivo de tal disparate me inventé una excusa barata y...!Al abordaje! Me dispuse a abrir el armario con un rápido movimiento y allí estaba él. Mantuvimos durante unos segundos la mirada, esa mirada del pequeño ser que se volvía hacia mí cual inquisidor con el hereje.
Sin dudarlo atrapé a esa vil alimaña antes de darle oportunidad para huir o bien atacarme y la metí como buenamente pude en la parte externa de mi maleta. Me subí al coche y conduciendo por la autopista mientras escuchaba las típicas canciones que suenan en la radio y vienen acompañadas de todo tipo de anuncios.
No sabía a dónde ir pero eso no suponía un problema; los mejores viales son aquellos impensables que se hacen sin agencias, sin billetes, esos viajes en los que te acompaña el alma y en los que no necesitas estar dos horas antes en el aeropuerto.
Mi fiel compañero de viaje no parecía realmente cómodo en sus nuevos aposentos con olor a mi colonia favorita pero eso tampoco me echó para atrás; llegaría a mi destino o no tan destino como fuera.
Después de largas horas conduciendo vi que el producto de tal escapada nunca llegaba y como buen hombre de costumbres (no por naturaleza) sino acostumbrado, volví de regreso a mi casa, subí la maleta, saqué al duende y me eché a dormir.
A la mañana siguiente cuando me desperté todo estaba oscuro y realmente no era consciente del lugar donde me encontraba. Un halo de luz muy tenue era visible desde tal oscuridad; escuché algo parecido al sonido de una llave y allí, ante mis ojos aparecí yo mismo. Aquél impostor fuera quien fuese se había adueñado de mi cuerpo y con alegría pronunció estas palabras:
-!VAMOS DUENDE! Hoy te toca a ti.
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