Un cúmulo de direcciones que en un sueño llevan a espacios desconocidos. Destinos desatinados y trazados entre el parpadeo corrosivo de las visiones alargadas.
SUEÑO DE DIRECCIONES PARPADEANTES
Acaricio en la memoria un sueño, jirón
de hexagonales formas alargadas y puras
que recogen el fruto polvoriento en vértigo
de abejas expulsadas por sedas hilvanadas.
Al frente una obscenidad de locura feliz,
aviesas miradas recicladas en huesos
de cementerios errabundos y fantasmales,
y detrás aquella escalera sin peldaños,
sin estribos donde enquistar las manos
para trepar hacia el origen de los abismos.
Es el encuentro de un camino que tuerce
por resquebrajados y hundidos parálisis,
donde las sombras tempranas se acumulan
bajo el reflejo de unas estrellas asexuadas;
y así llegar a un paisaje donde la sed alumbra
el supremo hambre de amor calmado de rojos.
Lluvia vulnerada, catarata de aguas removidas,
azul de cuerpo que no siente las profundidades
de aquellas blasfemias soterradas en tempestad
de desiertos de arenas con hembras desconocidas.
Miré el espacio cuadriculado de la mesa,
letras vacías entre manzanas podridas,
que fugan su mirada hacia los huecos del techo,
dando gritos de sal con labios de mudez aguda.
Una superflua transparencia viene del norte,
se retuerce caprichosamente en la esquizofrenia
de los cristales velados de mis ventanas,
donde remarco el trazo de una bailarina
que rompe esa prisión cerrada de infinitos.
Es el rumbo, la única dirección
una tumba de fuego, un océano
que entre latidos sostiene abrazos,
sugerencias parpadeadas de amor.
* * * * * * *
luzyabsenta
SUEÑO DE DIRECCIONES PARPADEANTES
Acaricio en la memoria un sueño, jirón
de hexagonales formas alargadas y puras
que recogen el fruto polvoriento en vértigo
de abejas expulsadas por sedas hilvanadas.
Al frente una obscenidad de locura feliz,
aviesas miradas recicladas en huesos
de cementerios errabundos y fantasmales,
y detrás aquella escalera sin peldaños,
sin estribos donde enquistar las manos
para trepar hacia el origen de los abismos.
Es el encuentro de un camino que tuerce
por resquebrajados y hundidos parálisis,
donde las sombras tempranas se acumulan
bajo el reflejo de unas estrellas asexuadas;
y así llegar a un paisaje donde la sed alumbra
el supremo hambre de amor calmado de rojos.
Lluvia vulnerada, catarata de aguas removidas,
azul de cuerpo que no siente las profundidades
de aquellas blasfemias soterradas en tempestad
de desiertos de arenas con hembras desconocidas.
Miré el espacio cuadriculado de la mesa,
letras vacías entre manzanas podridas,
que fugan su mirada hacia los huecos del techo,
dando gritos de sal con labios de mudez aguda.
Una superflua transparencia viene del norte,
se retuerce caprichosamente en la esquizofrenia
de los cristales velados de mis ventanas,
donde remarco el trazo de una bailarina
que rompe esa prisión cerrada de infinitos.
Es el rumbo, la única dirección
una tumba de fuego, un océano
que entre latidos sostiene abrazos,
sugerencias parpadeadas de amor.
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luzyabsenta