SOLCIEGO
Poeta asiduo al portal
Cuando niño soñé, que las estrellas eran inertes estatuas y que, en su aburrida noche eterna, ellas, las estrellas veían
nuestro sol, estático y frio, tan frio que no entibia ni un palmo del espacio y que su color como un inmenso telón ébano,
reflejaban como espejo todas las luces de las estrellas, para robarles su color de cielo.
Y pensé que tal vez esas inmóviles estrellas, eran como agujeros en un pardo velo, de una gran ennegrecida manta,
que se pierde en sus distancias…y los contiene a todos, como bolitas de fuego que titilan.
Y por esos agujeritos, era posible otear, más allá de algo, una gran fogata ardiente, tan ardiente, que sus moradores,
unos seres de luz clara, unidos a esa llamarada, de color intensamente dorada, como dioses inmaculados, descansaban,
aburridos en arenas doradas, sobre sus tronos alados dialogando entre ellos.
Sin soleadas playas donde divertirse y refrescarse, nunca imaginarían ellos, nuestros placenteros y hermosos paisajes,
ni los conos de helados endulzados con miel de abejas y limón 0 una delicia de tarta de guayaba con cerezas, o una cocada
tropical granizada, o un paseo por la selva donde cantan las guacharacas.
Así cuando la brisa eternizada arrastre los dos universos, las lluvias de polvo de oro que forman sus arenas y las selvas
verdosas encantadas, se encontrarán en la cima del cielo.
Bueno, eso era cuando era niño.
nuestro sol, estático y frio, tan frio que no entibia ni un palmo del espacio y que su color como un inmenso telón ébano,
reflejaban como espejo todas las luces de las estrellas, para robarles su color de cielo.
Y pensé que tal vez esas inmóviles estrellas, eran como agujeros en un pardo velo, de una gran ennegrecida manta,
que se pierde en sus distancias…y los contiene a todos, como bolitas de fuego que titilan.
Y por esos agujeritos, era posible otear, más allá de algo, una gran fogata ardiente, tan ardiente, que sus moradores,
unos seres de luz clara, unidos a esa llamarada, de color intensamente dorada, como dioses inmaculados, descansaban,
aburridos en arenas doradas, sobre sus tronos alados dialogando entre ellos.
Sin soleadas playas donde divertirse y refrescarse, nunca imaginarían ellos, nuestros placenteros y hermosos paisajes,
ni los conos de helados endulzados con miel de abejas y limón 0 una delicia de tarta de guayaba con cerezas, o una cocada
tropical granizada, o un paseo por la selva donde cantan las guacharacas.
Así cuando la brisa eternizada arrastre los dos universos, las lluvias de polvo de oro que forman sus arenas y las selvas
verdosas encantadas, se encontrarán en la cima del cielo.
Bueno, eso era cuando era niño.