He perdido todos mis sueños
pero no dejo de pensar en ti.
En mi alma adormecida, desnuda, desamparada
aferrada te siento
con la misma fuerza con la que te retuvo mi corazón
cuando por primera vez, en él
te descubrió.
Eres la inacabable fantasía de mi soledad
aún inundado de vacío, estás brillando
lejos... si, pero presente siempre
como luz del más puro y mortal de los deseos
señal y senda de único destino: amar.
Eres el sueño de mis sueños
cobrándose de mis días y de mis noches
la esencia de lo que quiero y no puedo acariciar
creciendo a mis espaldas
haciéndote valer por encima de mis silencios
y doblegándome
doblegándome como si en la ingobernabilidad de mi pena
fuera un suspiro descreído que por casualidad
esperanzado, no supo morir.