SUEÑO INFANTIL
Quiero, a la sombra de aquella rama,
sombrear mi ardiente cuerpo de niño
y descansar por un instante mis manos cansados.
Este corazón, cansado de estar cansado,
vuelve los ojos rojos hacia el arrebol
de la tarde que, lentamente, envejece
en los campos de sembrío de la selva.
Esta alma sufrida, cansada de ser labriego,
vuelve la mirada hacia las lejanas
montañas de un sueño,
que se opaca con el sudor de la frente
entre los matorrales del cultivo.
De la mañana a la tarde,
me pesa mucho la sombra de este sendero
y el deber de adulto que llevo dentro;
y el sol canicular llueve fuego
en las manos y en la selva de mi pecho.
Quiero, a la luz de la sombra de un salón de clases,
descansar mi alma cansada de ser campesino;
y mirar en los ojos del maestro
la trascendencia de la luz,
los reflejos de una vida más digna.
Quiero a la luz de la enseñanza,
aprender el abecedario de la vida
bajo las aulas de una escuela,
que me lleve por el camino de la cultura
hacia los confines del saber.
Quiero, a la sombra de aquel árbol,
sombrear por un instante mi cuerpo ardiente;
y soñar solamente con los libros de la vida,
y dejar las azadas de mis manos en un rincón del campo.
Quiero, a la sombra de aquella rama,
sombrear mi ardiente cuerpo de niño
y descansar por un instante mis manos cansados.
Este corazón, cansado de estar cansado,
vuelve los ojos rojos hacia el arrebol
de la tarde que, lentamente, envejece
en los campos de sembrío de la selva.
Esta alma sufrida, cansada de ser labriego,
vuelve la mirada hacia las lejanas
montañas de un sueño,
que se opaca con el sudor de la frente
entre los matorrales del cultivo.
De la mañana a la tarde,
me pesa mucho la sombra de este sendero
y el deber de adulto que llevo dentro;
y el sol canicular llueve fuego
en las manos y en la selva de mi pecho.
Quiero, a la luz de la sombra de un salón de clases,
descansar mi alma cansada de ser campesino;
y mirar en los ojos del maestro
la trascendencia de la luz,
los reflejos de una vida más digna.
Quiero a la luz de la enseñanza,
aprender el abecedario de la vida
bajo las aulas de una escuela,
que me lleve por el camino de la cultura
hacia los confines del saber.
Quiero, a la sombra de aquel árbol,
sombrear por un instante mi cuerpo ardiente;
y soñar solamente con los libros de la vida,
y dejar las azadas de mis manos en un rincón del campo.