Entre miserables mantas
reposa mi exhausto cuerpo,
cansado de tu trabajo,
arrastrado por el suelo,
hastiado de la amargura
que me produce tu sueldo,
por vivir en esta vida
como desgraciado obrero,
por eso me encuentro hoy
sumergido a ras de suelo,
y cuando uno se siente
tan bajo de los demás,
se les agranda las alas
e inicia su libertad,
esa de que, nada tienes,
nada te pueden quitar,
por eso yo voy buscando
la muerte a voz en grito,
puesto que no tengo vida,
que me importan los martirios
que me pueda acontecer
la visita de Narcisa,
si contigo como obrero
he sufrido humillación,
y dándome por entero,
he “sentio” sobre mis carnes
el dolor de tu desprecio,
arropado en una manta
mi exhausto cuerpo descansa,
si así se puede llamar
a lo que siente mi alma,
estas ansias por matar
a ese que me niega calma,
es pensamiento de obrero
este que llega a mi cama.
reposa mi exhausto cuerpo,
cansado de tu trabajo,
arrastrado por el suelo,
hastiado de la amargura
que me produce tu sueldo,
por vivir en esta vida
como desgraciado obrero,
por eso me encuentro hoy
sumergido a ras de suelo,
y cuando uno se siente
tan bajo de los demás,
se les agranda las alas
e inicia su libertad,
esa de que, nada tienes,
nada te pueden quitar,
por eso yo voy buscando
la muerte a voz en grito,
puesto que no tengo vida,
que me importan los martirios
que me pueda acontecer
la visita de Narcisa,
si contigo como obrero
he sufrido humillación,
y dándome por entero,
he “sentio” sobre mis carnes
el dolor de tu desprecio,
arropado en una manta
mi exhausto cuerpo descansa,
si así se puede llamar
a lo que siente mi alma,
estas ansias por matar
a ese que me niega calma,
es pensamiento de obrero
este que llega a mi cama.