Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
En mis brazos te dormiste,
igual que en su tallo la rosa.
Y no quise despertarte,
¡porque estabas tan hermosa!
Tu hermosa frente tenía
del color la mariposa,
que al son del viento venía
de flor en flor, de hoja en hoja.
Tus ojos, cual dos luceros,
del rostro se te salían.
Y huían del mundo entero,
cual huye la esperanza mía.
Tus labios, cual amapola,
de rojos los tenías.
en el silencio de tu alcoba
en paz y calma dormías.
Despertaste aquel instante,
pero aún estabas dormida.
Y dijiste con voz suave:
-¿Ya es de día?
Y yo te respondí:
-Pregúntale a mi corazón,
él lo sabe.
igual que en su tallo la rosa.
Y no quise despertarte,
¡porque estabas tan hermosa!
Tu hermosa frente tenía
del color la mariposa,
que al son del viento venía
de flor en flor, de hoja en hoja.
Tus ojos, cual dos luceros,
del rostro se te salían.
Y huían del mundo entero,
cual huye la esperanza mía.
Tus labios, cual amapola,
de rojos los tenías.
en el silencio de tu alcoba
en paz y calma dormías.
Despertaste aquel instante,
pero aún estabas dormida.
Y dijiste con voz suave:
-¿Ya es de día?
Y yo te respondí:
-Pregúntale a mi corazón,
él lo sabe.