jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
me pasé toda la noche
soñando con unos enormes y magníficos aviones
de fuselaje rectangular más bien que ovalado
y pintados de rojo y amarillo y algunos tonos de naranja
que surcaban el espacio volando a pocos metros de mi cabeza
sobre una especie de terraza ubicada en lo alto de un edificio
desde donde yo los veía pasar medio echado en una silla playera
tomando un vermut o alguna cosa parecida
y alejarse por encima de los tejados de una vieja urbe babilónica que nunca pude identificar
con un zumbido supersónico hacia un manto de vapores crepusculares detrás del cual
se perdían de vista
dije que toda la noche pero tal vez no fue tanto
tal vez sólo estuve soñando con los putos aviones un par de minutos
o diez segundos de esos que el sueño comprime para hacer sucederse en ellos
todas las imágenes que podría contener una película comercial
y el último avión que soñé ya no fue a desvanecerse entre las nubes
sino que describió una parábola descendente y terminó estrellándose
en una de las muchas torres puntiagudas que se alzaban en el plano medio de mi campo visual
tras lo cual se incendió y produjo una explosión que me despertó
justo cuando el cobertor eléctrico con el que me tapaba empezaba a lanzar chispas
en el punto donde el cable de corriente se conecta a la manta
.
soñando con unos enormes y magníficos aviones
de fuselaje rectangular más bien que ovalado
y pintados de rojo y amarillo y algunos tonos de naranja
que surcaban el espacio volando a pocos metros de mi cabeza
sobre una especie de terraza ubicada en lo alto de un edificio
desde donde yo los veía pasar medio echado en una silla playera
tomando un vermut o alguna cosa parecida
y alejarse por encima de los tejados de una vieja urbe babilónica que nunca pude identificar
con un zumbido supersónico hacia un manto de vapores crepusculares detrás del cual
se perdían de vista
dije que toda la noche pero tal vez no fue tanto
tal vez sólo estuve soñando con los putos aviones un par de minutos
o diez segundos de esos que el sueño comprime para hacer sucederse en ellos
todas las imágenes que podría contener una película comercial
y el último avión que soñé ya no fue a desvanecerse entre las nubes
sino que describió una parábola descendente y terminó estrellándose
en una de las muchas torres puntiagudas que se alzaban en el plano medio de mi campo visual
tras lo cual se incendió y produjo una explosión que me despertó
justo cuando el cobertor eléctrico con el que me tapaba empezaba a lanzar chispas
en el punto donde el cable de corriente se conecta a la manta
.