Claudio Ruiz
Poeta recién llegado
Sin más estufa que nuestros cuerpos.
Unidos en esta noche sin luna.
Después de amarnos con locura
como otras veces, ninguna
tomaste con tu brazo mi cintura
y apoyaste tu cabeza en mi pecho.
Luego
mientras yo soñaba despierto
tú lo hacías durmiendo.
Te ibas yendo, quieta
pero respirando anhelos
como gaviota que suspende sus alas
pero sigue volando en el cielo.
Dormidos los sentidos,
inactivos en el frío.
Sueños repetidos talvez:
tus labios nadando como un pez
hacia los míos
siguiéndome sin desvíos
como delfines jugando con delirio.
Tus sueños
amigos del agua y del misterio.
Sin remedio, yo te dejaba
atada a ocultos secretos
a las sombras imperfectas de tus pensamientos,
que por tu boca murmuraban
y parecía que me nombrabas, impaciente.
Parecía invadida tu mente
por el hijo de la noche
hermano de la muerte.
Y abrazada a mí, no quise asustarte
Y dejé que siguieras como alejada.
Por la madrugada
goteará el techo frías realidades
sobre camas rotas
proyectos sin ropa
el piso de cemento
y otras verdades.
Pero esquivando lamentos
cubriré nuestro lecho
con pétalos de rosas
y esto: mis primeros versos
para ti la más hermosa.
Te prepararé el desayuno:
café con leche caliente,
tostadas, con miel de tus ojos.
Cumpliré hoy, toditos tus antojos.
Si, por este domingo seré tu sirviente
o para siempre.
Te despertaré suavemente
con un beso ardiente y pequeño
para que sigas creyendo
que todo es un sueño.
Unidos en esta noche sin luna.
Después de amarnos con locura
como otras veces, ninguna
tomaste con tu brazo mi cintura
y apoyaste tu cabeza en mi pecho.
Luego
mientras yo soñaba despierto
tú lo hacías durmiendo.
Te ibas yendo, quieta
pero respirando anhelos
como gaviota que suspende sus alas
pero sigue volando en el cielo.
Dormidos los sentidos,
inactivos en el frío.
Sueños repetidos talvez:
tus labios nadando como un pez
hacia los míos
siguiéndome sin desvíos
como delfines jugando con delirio.
Tus sueños
amigos del agua y del misterio.
Sin remedio, yo te dejaba
atada a ocultos secretos
a las sombras imperfectas de tus pensamientos,
que por tu boca murmuraban
y parecía que me nombrabas, impaciente.
Parecía invadida tu mente
por el hijo de la noche
hermano de la muerte.
Y abrazada a mí, no quise asustarte
Y dejé que siguieras como alejada.
Por la madrugada
goteará el techo frías realidades
sobre camas rotas
proyectos sin ropa
el piso de cemento
y otras verdades.
Pero esquivando lamentos
cubriré nuestro lecho
con pétalos de rosas
y esto: mis primeros versos
para ti la más hermosa.
Te prepararé el desayuno:
café con leche caliente,
tostadas, con miel de tus ojos.
Cumpliré hoy, toditos tus antojos.
Si, por este domingo seré tu sirviente
o para siempre.
Te despertaré suavemente
con un beso ardiente y pequeño
para que sigas creyendo
que todo es un sueño.