donalph
Poeta recién llegado
-Se incrementa tu espacio
de soldados invisibles…
el espacio ¡oh ronquido!
la torta mágica.
-Me navego por barcos
con marineros
de infeliz año nuevo,
de estrellas y oscuridad.
-Se escuda en la popa
tu estallido de serpiente,
medusa marina.
-Me voy con la mar
en los ojos a la sierra,
a mi ruda sierra
de campesinos rupestres,
los amo también a ellos
como a mi celular despertador
de todos los días.
-Piensas joderme
con tu espíritu flotante
en tierras líquidas,
lo consigues
y me pones recta por atrás
tu estatua de tiempo.
-Disfruto la tajada
de tu bebida sombra
de carpintera, que mesa
todo lo que se sienta,
todo lo que escupe
mi reloj.
-Piensas y te distingo
en este puerto
de huidas aguas
de navegación frecuente
por los montes desérticos
de gatos salvajes,
donde eres el peor.
-Me empino así
para que me piensen
mis suegros conflictos
de arena vagabunda
del Pacífico.
-Me tierno a pensar en ti
y en el escudo de tu granja
de plantas, cerrada
por la noche, tras tu puerta
mis consejos
salen por la ventana.
-Me incremento
un cigarro a esta torta,
un cigarro de verdad,
puro cubano, así
me enciendo
para que me veas
y me soples la verdad,
y sólo obtengo más pulmones
de pasado.
-Me empino a pensar,
tiernamente, en tus funciones,
y sólo obtengo la negra pasta,
que envuelve tus hojas
y tus párpados, zigzagueantes
por tus ojos como una esperanza.
-Espesa esperanza la tuya
para mi forma elástica
de revertir los golpes
y quemar las evidencias
con mi petróleo interior.
-Me tierno a pensar en ti,
en el escudo que siempre,
nunca fuiste, te tuve
en mi frente, y te dejé
acariciarte conforme me veías
volver con otro al dormitorio,
que construiste
con tu herencia de roble.
-Me maderan tus expresiones
de metal, y me meto
por un hueco a husmear
tu taberna de labranza.
-No lo hagas,
te lo pido por terror;
ayer, cuando me bajaron
la falda pudiste entrar
en mi recoveco
de pesadilla placentera
sin ti para siempre;
contigo sueño.
de soldados invisibles…
el espacio ¡oh ronquido!
la torta mágica.
-Me navego por barcos
con marineros
de infeliz año nuevo,
de estrellas y oscuridad.
-Se escuda en la popa
tu estallido de serpiente,
medusa marina.
-Me voy con la mar
en los ojos a la sierra,
a mi ruda sierra
de campesinos rupestres,
los amo también a ellos
como a mi celular despertador
de todos los días.
-Piensas joderme
con tu espíritu flotante
en tierras líquidas,
lo consigues
y me pones recta por atrás
tu estatua de tiempo.
-Disfruto la tajada
de tu bebida sombra
de carpintera, que mesa
todo lo que se sienta,
todo lo que escupe
mi reloj.
-Piensas y te distingo
en este puerto
de huidas aguas
de navegación frecuente
por los montes desérticos
de gatos salvajes,
donde eres el peor.
-Me empino así
para que me piensen
mis suegros conflictos
de arena vagabunda
del Pacífico.
-Me tierno a pensar en ti
y en el escudo de tu granja
de plantas, cerrada
por la noche, tras tu puerta
mis consejos
salen por la ventana.
-Me incremento
un cigarro a esta torta,
un cigarro de verdad,
puro cubano, así
me enciendo
para que me veas
y me soples la verdad,
y sólo obtengo más pulmones
de pasado.
-Me empino a pensar,
tiernamente, en tus funciones,
y sólo obtengo la negra pasta,
que envuelve tus hojas
y tus párpados, zigzagueantes
por tus ojos como una esperanza.
-Espesa esperanza la tuya
para mi forma elástica
de revertir los golpes
y quemar las evidencias
con mi petróleo interior.
-Me tierno a pensar en ti,
en el escudo que siempre,
nunca fuiste, te tuve
en mi frente, y te dejé
acariciarte conforme me veías
volver con otro al dormitorio,
que construiste
con tu herencia de roble.
-Me maderan tus expresiones
de metal, y me meto
por un hueco a husmear
tu taberna de labranza.
-No lo hagas,
te lo pido por terror;
ayer, cuando me bajaron
la falda pudiste entrar
en mi recoveco
de pesadilla placentera
sin ti para siempre;
contigo sueño.
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