Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
¿Qué es sufrir por dentro?
¿Cuál será el analgésico
o la vacuna
para salir ilesos?
No pienses que es fácil cambiar de infierno
ni amoldarse a la luna y a las estrellas,
no creas que es tu noche la más oscura
ni que han de crecer los colores cuando amanezca.
No creas que todo es cielo,
por mucho que brille un azul lejano;
nos ajustaron a un mundo que se sobrelleva,
en el mejor de los casos.
Sólo sé que no podemos volar sin raíz;
volar sin ella es mal morir
allá donde la muerte es blanca como la propia nada.
A veces la vida tiembla
sin más abrigo que un soberbio sol aupando nuestras cenizas
y cuesta respirar;
y nos quebramos sobre una herida de culpas
como gesto de hermosura.
Llevamos adosada nuestra interior tormenta
y un frío que destempla cualquier calor humano.
salimos de un incendio y, entre las ascuas,
nos tratan de pirómanos, somos los acusados.
Sufrir dicen que es la condena,
no sé cuál será el pecado.
Quizá el pecado sea detener el principio de cada cosa
y amar a partes iguales su sombra y su luz,
o abrazarse al rumor de cada instante
y acudir a la cita de los días
con la paz en el regazo.
¿Pirómanos nos llaman?
Sólo arde la polvareda
de esos sentires escuálidos
que simplemente salpican
y pasan de largo.
Pesa el aire y se disuelve,
pero pesa tanto.
Llega el color a las sombras
y pasa de largo.
Volamos, somos peligro,
un peligro alado
que teme las alturas y sabe de caídas,
que no deja de verse solo y accidentado.
Para la paz, la rama de un olivo
que en la raíz encuentre su sustrato.
Para la paz;
crecerá un olivo sin hacer ruido en medio del puro dolor,
a sabiendas que la vida es poca.
Para el dolor
se desvestirán las llamas
y hablarán desde adentro nuevamente.
Para el camino;
el hambre y la sed
de un vuelo dócil sobre el ápice de un milagro.
Nuna-Alonso Vicent
¿Cuál será el analgésico
o la vacuna
para salir ilesos?
No pienses que es fácil cambiar de infierno
ni amoldarse a la luna y a las estrellas,
no creas que es tu noche la más oscura
ni que han de crecer los colores cuando amanezca.
No creas que todo es cielo,
por mucho que brille un azul lejano;
nos ajustaron a un mundo que se sobrelleva,
en el mejor de los casos.
Sólo sé que no podemos volar sin raíz;
volar sin ella es mal morir
allá donde la muerte es blanca como la propia nada.
A veces la vida tiembla
sin más abrigo que un soberbio sol aupando nuestras cenizas
y cuesta respirar;
y nos quebramos sobre una herida de culpas
como gesto de hermosura.
Llevamos adosada nuestra interior tormenta
y un frío que destempla cualquier calor humano.
salimos de un incendio y, entre las ascuas,
nos tratan de pirómanos, somos los acusados.
Sufrir dicen que es la condena,
no sé cuál será el pecado.
Quizá el pecado sea detener el principio de cada cosa
y amar a partes iguales su sombra y su luz,
o abrazarse al rumor de cada instante
y acudir a la cita de los días
con la paz en el regazo.
¿Pirómanos nos llaman?
Sólo arde la polvareda
de esos sentires escuálidos
que simplemente salpican
y pasan de largo.
Pesa el aire y se disuelve,
pero pesa tanto.
Llega el color a las sombras
y pasa de largo.
Volamos, somos peligro,
un peligro alado
que teme las alturas y sabe de caídas,
que no deja de verse solo y accidentado.
Para la paz, la rama de un olivo
que en la raíz encuentre su sustrato.
Para la paz;
crecerá un olivo sin hacer ruido en medio del puro dolor,
a sabiendas que la vida es poca.
Para el dolor
se desvestirán las llamas
y hablarán desde adentro nuevamente.
Para el camino;
el hambre y la sed
de un vuelo dócil sobre el ápice de un milagro.
Nuna-Alonso Vicent