Debido a la falta de inspiración (mis musas están afectadas por una profunda astenia pre-primaveral) echo de nuevo mano del archivo y repongo un poema del año 2015, siguiendo el criterio iniciado en otro poema anterior de estar inspirado en un cuadro surrealista, éste de la exquisita pintora ucraniana, nacionalizada francesa, Sonia Delaunay. Espero que os guste.
Como esa espiral que se suicida
estrellándose contra el destello de un ojo
y se fragmenta,
cambiando su vocación de infinito
por el íntimo latido de lo mínimo.
Y ahora, como bandada de pájaros sangrantes,
se expande por las desiertas avenidas,
las mismas por las que antes deambulaban,
mórbidas, perezosamente
las ilusiones perdidas y los amantes reiterados.
La multicolor explosión, tal que hojas de un otoño
todavía no convocado,
renueva los reflejos polícromos del neón
y desde el abismo donde nacen los deseos,
jóvenes lascivos y ancianos degenerados
bailan sobre las nubes caídas,
sobre los cadáveres magníficos de las estatuas corroídas.
Llegan los tiempos nuevos anunciados
en los telediarios oficiales.
Las lluvias serán de pétalos de gardenias y alas de mariposa
y los vientos, suaves, procederán de las máquinas
acondicionadoras de aire situadas al suroeste.
Las ya ancianas vestales pedirán a la eterna Afrodita
un efímero rejuvenecimiento,
válido para las horas del ocaso del jueves próximo,
horas en las que los efebos megalíticos
brillan con los rayos del sol poniente.
El sacrificio de la espiral no ha sido en vano:
en la ciudad asolada por los monótonos tranvías
y las pequeñas prostitutas purulentas
aparecen nuevamente los colores bailarines:
el gran caleidoscopio danza impávido
el otoñal turbillón, su vals más triste.
Ilust.: "Rhythm". Sonia Delanuy. 1938
Como esa espiral que se suicida
estrellándose contra el destello de un ojo
y se fragmenta,
cambiando su vocación de infinito
por el íntimo latido de lo mínimo.
Y ahora, como bandada de pájaros sangrantes,
se expande por las desiertas avenidas,
las mismas por las que antes deambulaban,
mórbidas, perezosamente
las ilusiones perdidas y los amantes reiterados.
La multicolor explosión, tal que hojas de un otoño
todavía no convocado,
renueva los reflejos polícromos del neón
y desde el abismo donde nacen los deseos,
jóvenes lascivos y ancianos degenerados
bailan sobre las nubes caídas,
sobre los cadáveres magníficos de las estatuas corroídas.
Llegan los tiempos nuevos anunciados
en los telediarios oficiales.
Las lluvias serán de pétalos de gardenias y alas de mariposa
y los vientos, suaves, procederán de las máquinas
acondicionadoras de aire situadas al suroeste.
Las ya ancianas vestales pedirán a la eterna Afrodita
un efímero rejuvenecimiento,
válido para las horas del ocaso del jueves próximo,
horas en las que los efebos megalíticos
brillan con los rayos del sol poniente.
El sacrificio de la espiral no ha sido en vano:
en la ciudad asolada por los monótonos tranvías
y las pequeñas prostitutas purulentas
aparecen nuevamente los colores bailarines:
el gran caleidoscopio danza impávido
el otoñal turbillón, su vals más triste.
Ilust.: "Rhythm". Sonia Delanuy. 1938