jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tomaré día y noche, el tiempo que
haga falta, tumbado en la cama,
mirando el techo, las paredes, la
puerta que da al pasillo y, de vez
en cuando, dentro de la podredumbre
de mi alma
tomaré con ese ahínco por dañarme
que me ha acompañado desde mi
juventud, esa rabia contra mí mismo
que a fin de cuentas nunca pude
dirigir contra nada más
tomaré como toma el invierno la
estepa rusa, aplastándolo todo sin
contemplaciones, acallando el canto
de los pájaros, enfriando la calentura
de las campesinas; y como cubre el
alcohol con su manto de falsa quietud
las tormentas de fuego que nos llueven
por dentro
tomaré ininterrumpidamente todo
el pinche tequila que sea necesario,
encerrado en este cuarto, afuera el
atardecer, el amanecer y toda esa
parafernalia del estúpido transcurrir
de la vida
tomaré sin pausa, sin descanso, con
toda la pasión que despilfarré en 25
años de putear, y me iré despidiendo
mientras tanto del techo, de las sillas,
de las paredes, de la puerta que da
al pasillo, de las cucarachas del baño
y de cada pendejada de la que me
pueda acordar
tomaré hasta que se me empiece a salir
el alcohol por el culo
tomaré encabronadamente por última vez...
hasta que una mañana, en mi cama,
lo único que quede sea un poeta
(no muy bueno, dicho sea de paso)
muerto
haga falta, tumbado en la cama,
mirando el techo, las paredes, la
puerta que da al pasillo y, de vez
en cuando, dentro de la podredumbre
de mi alma
tomaré con ese ahínco por dañarme
que me ha acompañado desde mi
juventud, esa rabia contra mí mismo
que a fin de cuentas nunca pude
dirigir contra nada más
tomaré como toma el invierno la
estepa rusa, aplastándolo todo sin
contemplaciones, acallando el canto
de los pájaros, enfriando la calentura
de las campesinas; y como cubre el
alcohol con su manto de falsa quietud
las tormentas de fuego que nos llueven
por dentro
tomaré ininterrumpidamente todo
el pinche tequila que sea necesario,
encerrado en este cuarto, afuera el
atardecer, el amanecer y toda esa
parafernalia del estúpido transcurrir
de la vida
tomaré sin pausa, sin descanso, con
toda la pasión que despilfarré en 25
años de putear, y me iré despidiendo
mientras tanto del techo, de las sillas,
de las paredes, de la puerta que da
al pasillo, de las cucarachas del baño
y de cada pendejada de la que me
pueda acordar
tomaré hasta que se me empiece a salir
el alcohol por el culo
tomaré encabronadamente por última vez...
hasta que una mañana, en mi cama,
lo único que quede sea un poeta
(no muy bueno, dicho sea de paso)
muerto
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