Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escucho escurrir suave y tranquila el agua
serpenteando piedras y ramas,
que adosadas al fondo se bambolean al son de la brisa,
la tarde calurosa cae tras el cerro,
la sombra comienza su caída
y me detengo ante la belleza que han descubierto mis ojos,
sobre la hierba se acuesta una piedra aplanada
y tu descansas seductora sobre ella,
más la delicada melodía del río se deja escuchar tenue.
Concitando una atalaya pienso,
la redondez de sus muslos y la delicadeza de sus labios,
más no me resisto y me quedo,
huelo a embriagante sudor,
que escurre por su cuerpo,
y consiento mis labios mordidos a distancia,
en vilo me quedo cuando te levantas
con sólo pantaloncillo y una blusa a la cintura amarrada,
te dejas llevar por la brisa al borde del río,
y el agua comienza a rozar tu pie,
aspiras, exhalas con estremecimiento
y absorta percibes la calidez subiendo a tu piel.
Miras a tu alrededor como sintiendo mis fisgones ojos,
y la blusa ya no es problema,
el agua va llenando tus piernas,
acariciando tu vientre,
cómplice de tus pezones erectos,
y sumerges tus cabellos,
apareces pulcra, bella, inaudita,
más no me resisto y me acerco a la orilla,
sonriente me miras y me invitas,
el agua es compañera de tus recodos,
que se embelesan entre mis sienes.
El tercer botón de mi camisa ya está fuera
y siento tu mano en mi mano,
más sin acabar de quitar la ropa
me seduces al centro del río,
y sin resistencia me dejo llevar,
por entre la vertiente de tu piel,
y consigo tus labios al centro de mi boca
y consiento mis nariz por debajo de tu oreja
y modelo tus declives por sobre mis palmas
y consigues mi piel limpia en el agua,
la corriente intolerante no detiene su recorrido,
y húmedos nos vamos quedando
sin precisar el circular del agua
que nos va pegando insolentes toques,
por nuestras zonas pegadas,
ansiando liarse a mi cuerpo,
que se ha quedado enredado dentro de tu río.........
serpenteando piedras y ramas,
que adosadas al fondo se bambolean al son de la brisa,
la tarde calurosa cae tras el cerro,
la sombra comienza su caída
y me detengo ante la belleza que han descubierto mis ojos,
sobre la hierba se acuesta una piedra aplanada
y tu descansas seductora sobre ella,
más la delicada melodía del río se deja escuchar tenue.
Concitando una atalaya pienso,
la redondez de sus muslos y la delicadeza de sus labios,
más no me resisto y me quedo,
huelo a embriagante sudor,
que escurre por su cuerpo,
y consiento mis labios mordidos a distancia,
en vilo me quedo cuando te levantas
con sólo pantaloncillo y una blusa a la cintura amarrada,
te dejas llevar por la brisa al borde del río,
y el agua comienza a rozar tu pie,
aspiras, exhalas con estremecimiento
y absorta percibes la calidez subiendo a tu piel.
Miras a tu alrededor como sintiendo mis fisgones ojos,
y la blusa ya no es problema,
el agua va llenando tus piernas,
acariciando tu vientre,
cómplice de tus pezones erectos,
y sumerges tus cabellos,
apareces pulcra, bella, inaudita,
más no me resisto y me acerco a la orilla,
sonriente me miras y me invitas,
el agua es compañera de tus recodos,
que se embelesan entre mis sienes.
El tercer botón de mi camisa ya está fuera
y siento tu mano en mi mano,
más sin acabar de quitar la ropa
me seduces al centro del río,
y sin resistencia me dejo llevar,
por entre la vertiente de tu piel,
y consigo tus labios al centro de mi boca
y consiento mis nariz por debajo de tu oreja
y modelo tus declives por sobre mis palmas
y consigues mi piel limpia en el agua,
la corriente intolerante no detiene su recorrido,
y húmedos nos vamos quedando
sin precisar el circular del agua
que nos va pegando insolentes toques,
por nuestras zonas pegadas,
ansiando liarse a mi cuerpo,
que se ha quedado enredado dentro de tu río.........