AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
SUMERGIDO
A Isabelle.
¿Sabes? En un sueño prometido y muy claro,
Fui esquife, expedicionario, en tu corazón castigado.
Me adapte y me depravé en tus manos y tus brazos,
que eran faros en mi subvención y en mis aspiraciones.
Cuando concebí tus labios en mi subsistencia atolondrada,
me convertí en un dragón henchido de ensueños,
ya no pude llamar más, quimera a mi exaltación,
hubo en mis células un linaje de génesis hambriento,
que me resucitaba y como el vaticinador, no ascendí
a los vientos, remonté a tu cabellera alborotada y obscura,
y me dormí en tu espliego, soñando más con tus besos.
Extrañamente un grupo de ángeles y querubines,
socorrían a otro grupo de sirenas, para aturdirme
en tus brazos y sumérgeme más en tu alma de mujer;
y en el sueño, era yo, Nabucodonosor y Alejandro a la vez
(mmm), volé por los lugares donde sueles estar y te amé.
Nuevamente te amé y volví a amarte hasta el final de los tiempos.
Augus 16 febrero de 2010.
A Isabelle.
¿Sabes? En un sueño prometido y muy claro,
Fui esquife, expedicionario, en tu corazón castigado.
Me adapte y me depravé en tus manos y tus brazos,
que eran faros en mi subvención y en mis aspiraciones.
Cuando concebí tus labios en mi subsistencia atolondrada,
me convertí en un dragón henchido de ensueños,
ya no pude llamar más, quimera a mi exaltación,
hubo en mis células un linaje de génesis hambriento,
que me resucitaba y como el vaticinador, no ascendí
a los vientos, remonté a tu cabellera alborotada y obscura,
y me dormí en tu espliego, soñando más con tus besos.
Extrañamente un grupo de ángeles y querubines,
socorrían a otro grupo de sirenas, para aturdirme
en tus brazos y sumérgeme más en tu alma de mujer;
y en el sueño, era yo, Nabucodonosor y Alejandro a la vez
(mmm), volé por los lugares donde sueles estar y te amé.
Nuevamente te amé y volví a amarte hasta el final de los tiempos.
Augus 16 febrero de 2010.
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