jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
El tráfico no avanzaba, era mediodía, el sol
caía a plomo sobre aquella maldita ciudad;
entonces el tipo que viajaba en la parte
trasera del taxi detenido frente a mi coche
sacó la cabeza por la ventanilla y gritó:
"¡Todos somos hijos de la muerte!"
como si el jodido llevara 5 años analizando
la cuestión y por fin, en ese lugar y ese
instante, hubiera logrado atar todos los
cabos sueltos y ahora comprendiera la gran
verdad universal:
pero, de algún modo, aquello me disgustó,
y la nariz del tipo era tan puntiaguda, y
aparte estaba el hecho de que yo había llevado
siempre con una discreción absoluta mi
propia condición de "Angel de la Resurrección",
ni a mi propia madre se lo había revelado,
el caso es que consideré ineludible tener
que darle un escarmiento al idiota ese
Total que abrí la portezuela, bajé del auto,
me acerqué al taxi, metí el brazo por la
ventanilla y agarré al tipo por el cuello;
le di una opción:
"¡retráctate de lo que has dicho, cerdo
deslenguado!"
Lo zarandeé un poco, clavé en sus ojos
mi sombría mirada, él tragó saliva,
los huevos se le treparon a la garganta
Entonces alguien me tocó el hombro
por detrás; solté el cuello del heraldo de
la muerte, me di la vuelta y...
frente a mí estaba el chofer del taxi, inmenso,
un aura justiciera lo rodeaba; una rachita
de viento hacía ondear su capa, esgrimía
un enorme martillo, su piel emitía un rojizo
resplandor metálico; sonrió con suficiencia,
alzando levemente aquel gigantesco martillo,
su voz sonaba cavernosa y retumbó hasta
el fondo de mis huevos ya fruncidos:
"¡Nadie se mete con los pasajeros del Capitán
Tormenta!"
...todavía alcancé a escuchar, no lejos de
allí, el agudo estruendo de un claxon...
caía a plomo sobre aquella maldita ciudad;
entonces el tipo que viajaba en la parte
trasera del taxi detenido frente a mi coche
sacó la cabeza por la ventanilla y gritó:
"¡Todos somos hijos de la muerte!"
como si el jodido llevara 5 años analizando
la cuestión y por fin, en ese lugar y ese
instante, hubiera logrado atar todos los
cabos sueltos y ahora comprendiera la gran
verdad universal:
pero, de algún modo, aquello me disgustó,
y la nariz del tipo era tan puntiaguda, y
aparte estaba el hecho de que yo había llevado
siempre con una discreción absoluta mi
propia condición de "Angel de la Resurrección",
ni a mi propia madre se lo había revelado,
el caso es que consideré ineludible tener
que darle un escarmiento al idiota ese
Total que abrí la portezuela, bajé del auto,
me acerqué al taxi, metí el brazo por la
ventanilla y agarré al tipo por el cuello;
le di una opción:
"¡retráctate de lo que has dicho, cerdo
deslenguado!"
Lo zarandeé un poco, clavé en sus ojos
mi sombría mirada, él tragó saliva,
los huevos se le treparon a la garganta
Entonces alguien me tocó el hombro
por detrás; solté el cuello del heraldo de
la muerte, me di la vuelta y...
frente a mí estaba el chofer del taxi, inmenso,
un aura justiciera lo rodeaba; una rachita
de viento hacía ondear su capa, esgrimía
un enorme martillo, su piel emitía un rojizo
resplandor metálico; sonrió con suficiencia,
alzando levemente aquel gigantesco martillo,
su voz sonaba cavernosa y retumbó hasta
el fondo de mis huevos ya fruncidos:
"¡Nadie se mete con los pasajeros del Capitán
Tormenta!"
...todavía alcancé a escuchar, no lejos de
allí, el agudo estruendo de un claxon...
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