Ricardo Leon De las Salas
Poeta fiel al portal
¡Seca tus lágrimas, mamá!
No reconfortará tu llanto
mi destino amargo
por tan cruel decisión.
¿Vedarás mi ciclo vital?
¿Podarás un fruto en embrión?
¿Me negarás el verdor de los prados,
el melodioso trino de las aves en celo,
el compartir contigo dichas y penas,
alegrías y tristezas?
Por que lo harías, mamá?
¿Por qué?
¿Acaso, sólo es por vanidad?
¿O por salvaguardar tu dignidad?
¿Cuál dignidad, mamá?
Si no sabrías siquiera
a dónde llevarme flores
en tus tardes de tristeza.
¿Por qué me arrancarías de ti,
sin ser Dios, mamá?
¿Por compasión?
es compasión lacerarle la existencia
a quien en verdad desea vivir?
Sé que a tu lado muy feliz yo sería
porque yo ya te adoro, mamita.
Ya yo soy carne de tu carne
sangre de tu sangre
piel de tu piel.
No permitas que este cuerpecito ya formado
sea despojo que mitigue
la hambruna de cualquier perro de la calle.
No permitas que mis sueños y los tuyos
sean arrojados a la basura.
No te dejes convencer
por la impiedad de este mundo malvado.
Y si aún escuchando esta
mi súplica de amor
nada te conmueve...
¡Sólo me resta desearte, mamita
qué Dios te perdone...
Porque yo
desde muy adentro de ti...
¡Ya te perdoné!
No reconfortará tu llanto
mi destino amargo
por tan cruel decisión.
¿Vedarás mi ciclo vital?
¿Podarás un fruto en embrión?
¿Me negarás el verdor de los prados,
el melodioso trino de las aves en celo,
el compartir contigo dichas y penas,
alegrías y tristezas?
Por que lo harías, mamá?
¿Por qué?
¿Acaso, sólo es por vanidad?
¿O por salvaguardar tu dignidad?
¿Cuál dignidad, mamá?
Si no sabrías siquiera
a dónde llevarme flores
en tus tardes de tristeza.
¿Por qué me arrancarías de ti,
sin ser Dios, mamá?
¿Por compasión?
es compasión lacerarle la existencia
a quien en verdad desea vivir?
Sé que a tu lado muy feliz yo sería
porque yo ya te adoro, mamita.
Ya yo soy carne de tu carne
sangre de tu sangre
piel de tu piel.
No permitas que este cuerpecito ya formado
sea despojo que mitigue
la hambruna de cualquier perro de la calle.
No permitas que mis sueños y los tuyos
sean arrojados a la basura.
No te dejes convencer
por la impiedad de este mundo malvado.
Y si aún escuchando esta
mi súplica de amor
nada te conmueve...
¡Sólo me resta desearte, mamita
qué Dios te perdone...
Porque yo
desde muy adentro de ti...
¡Ya te perdoné!