Este estado en que me encuentro ahora
día a día, en mi prisión se ha convertido,
pues cada beso suyo en mi memoria vivido,
ya es lo único que mi alma atesora.
Mi corazón a cada instante añora
toda la gracia de su ser que he perdido,
y, por más que intente, mi mente no ha podido
arrancar este recuerdo que me llora.
Tan profunda es la pena con que quedo,
que ¡Aunque sea pecado, mi Dios santo,
vivir sin su presencia ya no puedo!
Mis ojos bañados en su último llanto,
exclaman implorando hacia el cielo,
¡Vuelve, por favor, que te extraño tanto!
día a día, en mi prisión se ha convertido,
pues cada beso suyo en mi memoria vivido,
ya es lo único que mi alma atesora.
Mi corazón a cada instante añora
toda la gracia de su ser que he perdido,
y, por más que intente, mi mente no ha podido
arrancar este recuerdo que me llora.
Tan profunda es la pena con que quedo,
que ¡Aunque sea pecado, mi Dios santo,
vivir sin su presencia ya no puedo!
Mis ojos bañados en su último llanto,
exclaman implorando hacia el cielo,
¡Vuelve, por favor, que te extraño tanto!