Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Supón que escribo en martes trece este soneto
después de un lunes casi inexistente y frío;
supón que ya no existe nada, ni el vacío
de verse impar, y falta, íntegro, mi asueto.
Nadie me espera a la salida de un prometo,
ni me calienta el borde airoso de un estío
que la sequía dibujó en lienzo baldío
para borrar después su trazo y mi boceto.
Pasó la nube y la locura del que empeña
a largo plazo la ilusión y su camino;
quedó el aval, sin firma, dueña ni destino.
Llegó la hora del balance y, a la greña,
un despropósito partido y sin medida;
llegó la noche, con su insomnio y resentida.
después de un lunes casi inexistente y frío;
supón que ya no existe nada, ni el vacío
de verse impar, y falta, íntegro, mi asueto.
Nadie me espera a la salida de un prometo,
ni me calienta el borde airoso de un estío
que la sequía dibujó en lienzo baldío
para borrar después su trazo y mi boceto.
Pasó la nube y la locura del que empeña
a largo plazo la ilusión y su camino;
quedó el aval, sin firma, dueña ni destino.
Llegó la hora del balance y, a la greña,
un despropósito partido y sin medida;
llegó la noche, con su insomnio y resentida.
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