Supongamos que te amo.
Supongamos que tu mirada estremece mi cuerpo,
que tu pupila me hace conversar con los sueños,
que tus gestos son idolatrados en mi pensamiento.
Pero solo supongamos.
Supongamos que tus labios me llaman,
que ya su sabor sea dulce en mis deseos,
que me muerda los míos en el intento de besarlos.
Pero solo supongamos.
Supongamos que empezamos nuestra historia de amor,
que cogidos de la mano paseamos por alguna conversación,
que sobrecogidos lloremos al oír el primer te quiero,
que simplemente seamos principio y final de todas nuestras preguntas.
Dejemos de suponer...
¡¡¡Por favor, dejemos de hacerlo!!!
Supongamos que tu mirada estremece mi cuerpo,
que tu pupila me hace conversar con los sueños,
que tus gestos son idolatrados en mi pensamiento.
Pero solo supongamos.
Supongamos que tus labios me llaman,
que ya su sabor sea dulce en mis deseos,
que me muerda los míos en el intento de besarlos.
Pero solo supongamos.
Supongamos que empezamos nuestra historia de amor,
que cogidos de la mano paseamos por alguna conversación,
que sobrecogidos lloremos al oír el primer te quiero,
que simplemente seamos principio y final de todas nuestras preguntas.
Dejemos de suponer...
¡¡¡Por favor, dejemos de hacerlo!!!