Bender Carvajal
Poeta recién llegado
I
Quiero hacer de viento
este verso abono
para tu tierra sacra,
de asequible nota
este canto lluvia
de regar tus ojos,
quiero verte lago
río cauce
cascada neta
y en ese olor tuyo
a madreselva y campo vivo
echarme como una turba
a inundar tu cuerpo;
quiero pájaros
palomas negras
golondrinas verdes,
nube roja
conspirada en celo
y pequeñez de gloria
precipitada como tu boca;
tú, mi Shangri-La
de bosques
intervenidos por el silencio
con esa manera tuya
de vincular el tiempo
contra pausa y musgo;
tú, mi tropel de pechos
con azabache oro
dilatada como pupilas vivas,
tormenta mordaza
contra líquenes frescos
en esa marea
de tus caderas
que me sustentan
y multiplican
como la infancia;
quiero la huerta húmeda
que florece orgasmos,
el surco alado,
el valle de cepa y sangre
con esas parras ennegrecidas
como la noche
a la luz alta
de tu vientre que amanece y llora;
tú, plantación de vegetales
coludidos entre verso y pasto,
diseminada como la siembra,
cazada como alimento
y devorada como al hostia,
pequeño nogal
de sombra calcinada
de tanta espera.
II
No te vuelvas
erosionada de voces
ni subterránea copa
porque toda hora
es una rama inquebrantable
en el tiempo de amarte
frondoso de incontinente furia,
así con esa fatiga propia
del sustantivo
que queda marchito
entre los labios rotos,
como un sepelio de truenos
que se va mitigando
con el pasar de las lunas.
Tengo que tallar tu corazón
enraizado en esta vida mía
de impecable ausencia,
y con la savia derramada
a borbotones por la distancia
trasplantar ese amor tuyo
que me tiene parcelada
la fosa del pecho
y me lleva arrebatando duelos.
III
Porque somos un nido de Cóndores
en esta cordillera de amores irremediables
nos tenemos el uno al otro
con travesura volcánica de nomeolvides;
delantera de alerces
con esta pasión milenaria y conmovedora
circundamos un lago de petrificado augurio
y sometidos como la zozobra
nos hemos inundado las pieles
y alimentado la aurora, criatura dulce
con tu salvaje aroma de hembra y llama,
carnívora de sangre boreal y depredadora;
estamos duplicados entre tú y yo
como avalancha de frutos subastados
y cada piel-morfina de tu mirada-droga
deshoja este pulmón sináptico
con que te alcanzo paso a paso
por la vereda del agua;
estoy de sur envenenado
con tu desgarradora voz acompasada
que gota a gota este desierto-asfalto
riega y desemboca;
a ti voy como una migración de latidos,
a mi alcoba de legumbres tiernas
que abrazan y seducen desde el pálido suelo,
como un parapente con tu ráfaga-estrella
cruzando tiempo dolor réplica,
a tu poderosa lengua conquistadora
de genitales napas, a tu cosecha férrea,
a tu perpetuo sur destilado en techos,
tempestad en flor, con esta ingeniería ósea
y voluntad ingrata,
a tu canto asilo de mi norte ansioso,
a tu portal de hogueras por el universo
con que hechizo cultivos
donde sólo hubo tierra muerta.
Abre tu empapada cortina
de translúcido género
que voy lleno de peces
con este mar de inundaciones,
recíbeme como el abandono,
aprieta esta mano de cometas tutelares
y deja que te evacúe el alma
con un compendio de besos para el invierno,
quiero mirarte mientras muera por la ventana
enamorado de la lluvia
y que tú me contengas
para no perderme del otro lado del agua…
Quiero hacer de viento
este verso abono
para tu tierra sacra,
de asequible nota
este canto lluvia
de regar tus ojos,
quiero verte lago
río cauce
cascada neta
y en ese olor tuyo
a madreselva y campo vivo
echarme como una turba
a inundar tu cuerpo;
quiero pájaros
palomas negras
golondrinas verdes,
nube roja
conspirada en celo
y pequeñez de gloria
precipitada como tu boca;
tú, mi Shangri-La
de bosques
intervenidos por el silencio
con esa manera tuya
de vincular el tiempo
contra pausa y musgo;
tú, mi tropel de pechos
con azabache oro
dilatada como pupilas vivas,
tormenta mordaza
contra líquenes frescos
en esa marea
de tus caderas
que me sustentan
y multiplican
como la infancia;
quiero la huerta húmeda
que florece orgasmos,
el surco alado,
el valle de cepa y sangre
con esas parras ennegrecidas
como la noche
a la luz alta
de tu vientre que amanece y llora;
tú, plantación de vegetales
coludidos entre verso y pasto,
diseminada como la siembra,
cazada como alimento
y devorada como al hostia,
pequeño nogal
de sombra calcinada
de tanta espera.
II
No te vuelvas
erosionada de voces
ni subterránea copa
porque toda hora
es una rama inquebrantable
en el tiempo de amarte
frondoso de incontinente furia,
así con esa fatiga propia
del sustantivo
que queda marchito
entre los labios rotos,
como un sepelio de truenos
que se va mitigando
con el pasar de las lunas.
Tengo que tallar tu corazón
enraizado en esta vida mía
de impecable ausencia,
y con la savia derramada
a borbotones por la distancia
trasplantar ese amor tuyo
que me tiene parcelada
la fosa del pecho
y me lleva arrebatando duelos.
III
Porque somos un nido de Cóndores
en esta cordillera de amores irremediables
nos tenemos el uno al otro
con travesura volcánica de nomeolvides;
delantera de alerces
con esta pasión milenaria y conmovedora
circundamos un lago de petrificado augurio
y sometidos como la zozobra
nos hemos inundado las pieles
y alimentado la aurora, criatura dulce
con tu salvaje aroma de hembra y llama,
carnívora de sangre boreal y depredadora;
estamos duplicados entre tú y yo
como avalancha de frutos subastados
y cada piel-morfina de tu mirada-droga
deshoja este pulmón sináptico
con que te alcanzo paso a paso
por la vereda del agua;
estoy de sur envenenado
con tu desgarradora voz acompasada
que gota a gota este desierto-asfalto
riega y desemboca;
a ti voy como una migración de latidos,
a mi alcoba de legumbres tiernas
que abrazan y seducen desde el pálido suelo,
como un parapente con tu ráfaga-estrella
cruzando tiempo dolor réplica,
a tu poderosa lengua conquistadora
de genitales napas, a tu cosecha férrea,
a tu perpetuo sur destilado en techos,
tempestad en flor, con esta ingeniería ósea
y voluntad ingrata,
a tu canto asilo de mi norte ansioso,
a tu portal de hogueras por el universo
con que hechizo cultivos
donde sólo hubo tierra muerta.
Abre tu empapada cortina
de translúcido género
que voy lleno de peces
con este mar de inundaciones,
recíbeme como el abandono,
aprieta esta mano de cometas tutelares
y deja que te evacúe el alma
con un compendio de besos para el invierno,
quiero mirarte mientras muera por la ventana
enamorado de la lluvia
y que tú me contengas
para no perderme del otro lado del agua…
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