lluvia de enero
Simplemente mujer
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Susana Thénon (1935-1991) Poeta, traductora y fotógrafa argentina nacida en Buenos Aires en 1935. Se la ubica en la generación del 60 pero no formó parte de ningún grupo literario. No se relacionó demasiado con poetas coetáneos, salvo con Pizarnik y María Negroni, quien sería luego una de las compiladoras junto a Ana María Barrenechea de sus libros póstumos. Por esta época de los años 60, Pizarnik, Thénon y Juana Bignozzi, comparten un marcado descontento con el mundo. Susana construye una poética del escarnio que la deja fuera de toda filiación, ya sea romántica, coloquialista o surrealista. Su palabra se posa sobre el peso insuperable de la creación, va por debajo de los océanos de las limitaciones. Su texto es de asombro, de revelación, de sobresalto, de rebeldía frente a un dios que no funciona. La riqueza creativa es constante, no claudica, no abandona la batalla contra la desolación.
Escribió cinco libros: “Edad sin tregua” (1958) y “Habitante de la nada”(1959) tienen el mismo planteo estético dado que aparecieron casi juntos y ya se observa un desasosiego interno. En esta primera etapa, y en especial en el primer libro, su escritura se asocia con la del revelado fotográfico (más adelante se dedica a la fotografía en blanco y negro). En su escritura, por momentos, vemos un lenguaje oscuro, velado; en otras todo lo contrario. En gran parte de su obra el sujeto poético es desplazado, marginal, disconforme, es extranjero en su propia tierra, habita la nada y va por caminos inexplorados.
Junto con Juan Carlos Martelli, Eduardo Romano, Alejandro Vignati y Alejandra Pizarnik, colaboró con la revista “Agua viva” lo que hizo que se abriera un poco a la comunidad poética.
No se cuenta con muchos datos de su historia personal pero deja como huella su escritura, digna de conocer.
Muere en Buenos Aires en 1991 víctima de una enfermedad que la obligó a recluirse en la oscuridad los últimos años de su vida.
Datos biográficos extraídos de: https://mujeresdelmilenio.wordpress...sana-cattaneo-susana-thenon-dios-no-funciona/
****************
AQUÍ, AHORA
Sé que en algún lugar
la alegría se desparrama
como el polen
y que hace tiempo
los hombres se yerguen
como jardines definitivos.
Pero yo vivo aquí y ahora,
donde todo es horrible
y tiene dientes
y viejas uñas petrificadas.
Aquí, ahora,
donde el aire
se asfixia
y el miedo es impune.
***************
NINGÚN JARDÍN JUSTIFICA EL AMOR QUE SE AHOGA DESAFORADAMENTE
Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica
el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca
y que ninguna piedra de color, ningún juego,
ninguna tarde con más sol que de costumbre
alcanzan a formar la sílaba,
el susurro esperado como un bálsamo,
noche y noche.
Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe
cuando el no, el adiós,
el minuto recién muerto, irreparable,
se levantan inesperadamente y enceguecen
hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.
Como un hambre, como una sonrisa, pienso,
debe ser la soledad
puesto que así nos engaña y entra
y así la sorprendemos una tarde
reclinada sobre nosotros.
Como una mano, como un rincón sencillo
y umbroso
debería ser el amor
para tenerlo cerca y no desconocerlo
cada vez que nos invade la sangre.
No hay silencio ni canción que justifiquen
esta muerte lentísima,
este asesinato que nadie condena.
No hay liturgia ni fuego ni exorcismo
para detener el fracaso risible
de los idiomas que conocemos.
La verdad es que me ahogo sin pena,
por lo menos he resistido al engaño;
no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,
ni de la noche a medias.
Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,
mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.
***************
Susana Thénon (1935-1991) Poeta, traductora y fotógrafa argentina nacida en Buenos Aires en 1935. Se la ubica en la generación del 60 pero no formó parte de ningún grupo literario. No se relacionó demasiado con poetas coetáneos, salvo con Pizarnik y María Negroni, quien sería luego una de las compiladoras junto a Ana María Barrenechea de sus libros póstumos. Por esta época de los años 60, Pizarnik, Thénon y Juana Bignozzi, comparten un marcado descontento con el mundo. Susana construye una poética del escarnio que la deja fuera de toda filiación, ya sea romántica, coloquialista o surrealista. Su palabra se posa sobre el peso insuperable de la creación, va por debajo de los océanos de las limitaciones. Su texto es de asombro, de revelación, de sobresalto, de rebeldía frente a un dios que no funciona. La riqueza creativa es constante, no claudica, no abandona la batalla contra la desolación.
Escribió cinco libros: “Edad sin tregua” (1958) y “Habitante de la nada”(1959) tienen el mismo planteo estético dado que aparecieron casi juntos y ya se observa un desasosiego interno. En esta primera etapa, y en especial en el primer libro, su escritura se asocia con la del revelado fotográfico (más adelante se dedica a la fotografía en blanco y negro). En su escritura, por momentos, vemos un lenguaje oscuro, velado; en otras todo lo contrario. En gran parte de su obra el sujeto poético es desplazado, marginal, disconforme, es extranjero en su propia tierra, habita la nada y va por caminos inexplorados.
Junto con Juan Carlos Martelli, Eduardo Romano, Alejandro Vignati y Alejandra Pizarnik, colaboró con la revista “Agua viva” lo que hizo que se abriera un poco a la comunidad poética.
No se cuenta con muchos datos de su historia personal pero deja como huella su escritura, digna de conocer.
Muere en Buenos Aires en 1991 víctima de una enfermedad que la obligó a recluirse en la oscuridad los últimos años de su vida.
Datos biográficos extraídos de: https://mujeresdelmilenio.wordpress...sana-cattaneo-susana-thenon-dios-no-funciona/
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AQUÍ, AHORA
Sé que en algún lugar
la alegría se desparrama
como el polen
y que hace tiempo
los hombres se yerguen
como jardines definitivos.
Pero yo vivo aquí y ahora,
donde todo es horrible
y tiene dientes
y viejas uñas petrificadas.
Aquí, ahora,
donde el aire
se asfixia
y el miedo es impune.
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NINGÚN JARDÍN JUSTIFICA EL AMOR QUE SE AHOGA DESAFORADAMENTE
Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica
el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca
y que ninguna piedra de color, ningún juego,
ninguna tarde con más sol que de costumbre
alcanzan a formar la sílaba,
el susurro esperado como un bálsamo,
noche y noche.
Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe
cuando el no, el adiós,
el minuto recién muerto, irreparable,
se levantan inesperadamente y enceguecen
hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.
Como un hambre, como una sonrisa, pienso,
debe ser la soledad
puesto que así nos engaña y entra
y así la sorprendemos una tarde
reclinada sobre nosotros.
Como una mano, como un rincón sencillo
y umbroso
debería ser el amor
para tenerlo cerca y no desconocerlo
cada vez que nos invade la sangre.
No hay silencio ni canción que justifiquen
esta muerte lentísima,
este asesinato que nadie condena.
No hay liturgia ni fuego ni exorcismo
para detener el fracaso risible
de los idiomas que conocemos.
La verdad es que me ahogo sin pena,
por lo menos he resistido al engaño;
no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,
ni de la noche a medias.
Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,
mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.
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