Lucyfero
Poeta recién llegado
Anduvo el camino en balde,
El que siempre busca la suerte,
Pero no hay posible que baste,
Andar que no lleve a la muerte.
Castigo del pobre condenado,
Por no ver lo que le rodea,
Por estar siempre despistado,
Por soñar con su Dulcinea.
Piensa en ese niño asustado,
Por los nervios traicioneros,
A quien el juicio dejó tirado,
En pos de la falta de esmero.
Y que en un acto de tontería,
Todo al fin tiró por la borda,
El esfuerzo de tantos días,
La presión que le desborda.
Ahora solo le queda esperar,
A que todo vuelva a su cauce,
A que las aguas todas se calmen,
Y poder reanudar ese instante.
Instante maldito de puro nervio,
Que a la tercera dará por vencido,
Pues es infierno que lleva al cielo,
Si al gigante te traes abatido.
Y Gracias a Dios que te tiene,
Entre penas que pudo verte,
Segunda vez ya que viene,
Perdido entre lágrimas fuertes.
Ese niño que te espera,
Del infierno que a veces quiere,
Abrir un poco la puerta,
Del cielo al que perteneces.
Ángel.
El que siempre busca la suerte,
Pero no hay posible que baste,
Andar que no lleve a la muerte.
Castigo del pobre condenado,
Por no ver lo que le rodea,
Por estar siempre despistado,
Por soñar con su Dulcinea.
Piensa en ese niño asustado,
Por los nervios traicioneros,
A quien el juicio dejó tirado,
En pos de la falta de esmero.
Y que en un acto de tontería,
Todo al fin tiró por la borda,
El esfuerzo de tantos días,
La presión que le desborda.
Ahora solo le queda esperar,
A que todo vuelva a su cauce,
A que las aguas todas se calmen,
Y poder reanudar ese instante.
Instante maldito de puro nervio,
Que a la tercera dará por vencido,
Pues es infierno que lleva al cielo,
Si al gigante te traes abatido.
Y Gracias a Dios que te tiene,
Entre penas que pudo verte,
Segunda vez ya que viene,
Perdido entre lágrimas fuertes.
Ese niño que te espera,
Del infierno que a veces quiere,
Abrir un poco la puerta,
Del cielo al que perteneces.
Ángel.