En el horizonte,
con un ocaso
por compañero,
se recuesta
la Soledad.
Indiferente ve
el destellar de las estrellas;
susurra mi nombre.
Dormita la Soledad
con mis esperanzas
cobijando la aspereza
de su fría pasión...
Despierto a mitad
de la noche
y la sigo oyendo
que susurra mi nombre
a la madrugada.