Amartemisa
Poetisa
Seruneris
Amartemisa
Hay espacios situados entre los cuerpos,
con desgracia, con pasión, aturdidos
silencios disparatados y en sufrimiento,
nacientes de tu canto y mi verso.
Permanezco sentada a tu lado,
sin querer, pero estando,
sin saber dónde me hallo,
dónde o ignorando
ni cuánto tiempo tengo...
y yo por ti esperando.
Qué más da ser del aire, que ser del fuego.
Eres del sol, su nombre es de Rey.
Tus caricias son el alma
que evadiéndome te entrego,
mi voz, el arrullo del cuerpo,
el enlabio tuyo que me logra en
risas espacio-temporales.
El dolor nos colinda y acierta en no fingirnos
con algunas notas de irónicos lamentos,
de sueños partidos sin mitad ni cerco, y
aunque me importa tu presencia,
logramos todo en un sí de muy clara disidencia,
el resto que se lo coman los buitres
en la ingesta del corazón, lamido a trozos que ríe
si es que realmente está muerto.
Puedo entender que no me amas,
no me iré sin abrazar tus ganas.
Las sabes tuyas y te claman,
ya sabes lo que te siento
sin dudar de lo que llevo dentro.
Las miradas congeladas son conservas,
son el día de sol perfecto
para el invierno frío de nuestras almas,
para el dolor que nuestros ojos no encarnan.
Pero quédate al último postre,
dame la razón, soltaré mi lastre
porque voy a servir un gran vino,
amo esa copa, ¡provocándome un desastre!
Quizá nos entreguemos al unísono,
aún a ciegas, caeré en tu oculto cieno
como las cuerdas de un violín
desafinado ya silente y muerto que,
al ser tocado por el viento,
se regodea de su suerte.
¿Y qué hay de ese beso que llama enfadado?
Ahora es ya sufriente y desangrado,
insistente y carente de discreción,
para él, hasta nunca y postergado.
¿No irás a decirme ahora que no me mirabas los labios?
No sólo eso, también los estrujaba.
¿Y qué hay de esa danza de aves migratorias cogidas por los mismos talones?
Las disequé a todas y las enmarqué como la gloria del sin tiempo.
Quiero ser de tu alma, como ambos ya sabemos,
y yo quiero empotrarme en tus lamentos
y en espacios compartidos,
será así hasta que ya no obre el encierro
y en los tiempos más eternos,
sin descuidos, asolarnos sin tenernos.
Amartemisa
Hay espacios situados entre los cuerpos,
con desgracia, con pasión, aturdidos
silencios disparatados y en sufrimiento,
nacientes de tu canto y mi verso.
Permanezco sentada a tu lado,
sin querer, pero estando,
sin saber dónde me hallo,
dónde o ignorando
ni cuánto tiempo tengo...
y yo por ti esperando.
Qué más da ser del aire, que ser del fuego.
Eres del sol, su nombre es de Rey.
Tus caricias son el alma
que evadiéndome te entrego,
mi voz, el arrullo del cuerpo,
el enlabio tuyo que me logra en
risas espacio-temporales.
El dolor nos colinda y acierta en no fingirnos
con algunas notas de irónicos lamentos,
de sueños partidos sin mitad ni cerco, y
aunque me importa tu presencia,
logramos todo en un sí de muy clara disidencia,
el resto que se lo coman los buitres
en la ingesta del corazón, lamido a trozos que ríe
si es que realmente está muerto.
Puedo entender que no me amas,
no me iré sin abrazar tus ganas.
Las sabes tuyas y te claman,
ya sabes lo que te siento
sin dudar de lo que llevo dentro.
Las miradas congeladas son conservas,
son el día de sol perfecto
para el invierno frío de nuestras almas,
para el dolor que nuestros ojos no encarnan.
Pero quédate al último postre,
dame la razón, soltaré mi lastre
porque voy a servir un gran vino,
amo esa copa, ¡provocándome un desastre!
Quizá nos entreguemos al unísono,
aún a ciegas, caeré en tu oculto cieno
como las cuerdas de un violín
desafinado ya silente y muerto que,
al ser tocado por el viento,
se regodea de su suerte.
¿Y qué hay de ese beso que llama enfadado?
Ahora es ya sufriente y desangrado,
insistente y carente de discreción,
para él, hasta nunca y postergado.
¿No irás a decirme ahora que no me mirabas los labios?
No sólo eso, también los estrujaba.
¿Y qué hay de esa danza de aves migratorias cogidas por los mismos talones?
Las disequé a todas y las enmarqué como la gloria del sin tiempo.
Quiero ser de tu alma, como ambos ya sabemos,
y yo quiero empotrarme en tus lamentos
y en espacios compartidos,
será así hasta que ya no obre el encierro
y en los tiempos más eternos,
sin descuidos, asolarnos sin tenernos.