silveriddragon
Poeta adicto al portal
I
Karol se estaba viendo al espejo examinando con detalle una pequeña mancha que tenía justo al lado izquierdo de su labio inferior. No le gustaba.
Era perfeccionista con su apariencia, procuraba estar siempre a tiempo y muy bonita para llegar a la escuela.
A la entrada de la misma, las miradas disimuladas de las chicas envidiosas y de los chicos embelesados le daban una sensación de poder.
Su padre, un empresario muy exitoso en los negocios siempre le repetía que debía esforzarse en los estudios, pero su espíritu rebelde e inquieto no la dejaba concentrarse. Más de una vez se había metido en problemas, sin consecuencias. Si no era su padre, seguramente algún chico le ayudaba a salir indemne.
Fuera de la escuela vestía muy acorde a su edad. Vestidos en colores neutros como beige, blanco o azules en tonos claros. Solo una vez probó vestir de rosa pero no le convenció. Su pelo lacio le llegaba a la mitad del cuello y su sonrisa amplia conquistaba a cualquiera. Solo odiaba las pecas que a veces le salían sobre las mejillas.
En la escuela en cambio se conformaba con el uniforme en horrible tonos cafés. Le hacían recordar el otoño. Algo que le traía recuerdos no muy buenos. Distraída abría el casillero donde dejaba algunos libros antes de entrar a su primera clase.
Una tarjeta con un enorme sobre azul salió volando. Lo tomó y lo metió al casillero. "Otro admirador secreto, seguramente. Con un poema o una foto retocada" pensó.
Su vida era perfecta. Una niña de una familia sin problemas económicos. Bonita, simpática, a todos les caía bien, inteligente, jefa de varias actividades extraescolares. En fin, todos podrían pensar que era inalcanzable en muchos sentidos.
Sus ojos castaños miraron una rosa clavada en la puerta del casillero que no vio antes. La tomó y se la llevó a los labios. La tomó con ella a su primera clase.
II
Alonso llevaba un maletín pequeño, de esos que ya pasaron de moda. Con seguros de combinación y hecho completamente de aluminio. Dentro llevaba algunos cuantos documentos pero en realidad nada de valor. Solo lo llevaba consigo para impresionar. Era uno de esos tipos que se gana la vida investigando la vida de los demás. Con la llegada del internet su trabajo era cada vez menos solicitado. Ahora seguirle la písta a alguien es mucho más fácil.
Esperó paciente a tomar el elevador.
Cuando se abrieron las puertas vio a una niña pequeña como de unos cinco años. Sus ojitos grises le miraron de manera inocente.
Alonso simplemente subió. Trató de ignorarla pero le ganó la curiosidad. Volteó a verla mientras eran llevados al piso 25 del edificio.
- ¡Qué bonita niña! ¿cómo te llamas pequeña?
- Estela, Estela,,,, Estela... - dijo la niña en forma repetida
- ¡Oh.... Estela! - y sacó un dulce de menta del bolsillo interior de su saco - Mira, te regalo un dulce.
- ¡Gracias señor! ¿Baja en el piso 25?
- Si... ¿vas también ahí?
En eso se abrieron las puertas del elevador. La luz indicaba que había llegado al piso 25.
Alonso bajó y volteó esperando que la niña lo siguiera, pero no fue así. Las puertas del elevador se cerraron y solo alcanzó a ver los ojitos grises de la niña viéndolo fijamente.
Caminó por el pasillo hasta llegar a la oficina 254. Ahí lo esperaba una mujer con rasgos asiáticos. Muy delgada y vestida de traje sastre le habló en un perfecto inglés con acento británico.
- Bienvenido, lo están esperando dentro para la firma de los documentos.
Entró a la oficina. Había algo extraño. Mucho silencio. Y al pasar a una pequeña habitación pudo ver a un hombre trajeado completamente de negro viéndolo con una sonrisa amplia y las manos juntas como si estuviera meditando.
- Ha llegado el invitado a esta representación.
- ¿Eh? ¿Es usted abogado o representante de ....?
- Shhhh..... silencio. Aquí no está permitido decir nombres detective Alonso.
Esto hizo que se sobresaltara. Se suponía que ellos no sabían quien era. Se había presentado como una persona interesada en comprar acciones para su jefe, un inversionista de España. Y que la persona con la que se vería iba a ser una mujer, la presidenta de un conglomerado.
- Veo que esta vez su intuición le ha fallado detective. Me gustaría decirle mi nombre, pero no me lo permiten mis jefes. Usted puede llamarme Sifaciem.
- Entonces, ¿sabe a qué he venido?
- Claro que si. Pero .... detective, esperaba una pregunta más inteligente... Algo así como .... ¿Es legítima la compañía en la que va a invertir su "jefe"?
Un mal presentimiento le llegó tarde al detective. Algo andaba muy mal. Estaba en un lugar muy silencioso con alguien desconocido discutiendo acerca de un tema muy delicado. Se forzó a mostrarse tranquilo. Dejó el maletín en el suelo y vio su reloj. Eran las 4 de la tarde en punto.
- Sabio es quien sabe conocer el tiempo. Hay tiempo para nacer, tiempo para crecer. Tiempo para aprender, tiempo para enseñar. Tiempo para amar y tiempo para ... ser amado.
Se sirvió una copa de una botella obscura y le extendió la misma al detective quien la rechazó.
- La cuestión es... si sabe quien soy ... ¿porqué me permitió llegar hasta aquí Sifaciem?
- No. No me malentienda detective. Solo sigo ordenes. No tengo voz ni voto. Pero. Es mi trabajo. Si fuera por mi estaríamos platicando en un pub y tomando cerveza. Sin embargo mi jefe me ha pedido que le relate porque estamos aquí.
- ¿puedo...? - dijo Alonso señalando una silla .
- Mis modales... cada vez están peor. Por supuesto. Siéntese. Esta historia le va a interesar mucho.
Encendió un puro y ofreció otro a Alonso quien lo rechazó.
III
- Usted, detective Alonso, está siguiendo la pista de una constructora. Lo hace porque dicha constructora ha "ayudado" a hacer edificios, centros comerciales y obras públicas que algunos consideran ... deficientes.
Alonso enfureció.
- ¿Deficientes dice? ¿Cómo se atreve? El último derrumbe del centro comercial no fue casualidad. Esos materiales no eran los adecuados... y...
La recepcionista de rasgos asiáticos se acercó a Alonso y lo amagó con una daga plateada cuya empuñadura parecía un tigre.
- Déjeme.. explicarle detective. Todos cometemos errores. Y, bueno, lo que hacen las personas para las que trabajo es simplemente tratar de arreglarlos lo mejor posible. Sin consecuencias, sin rastros.
- Ah! Usted limpia el ... desastre para que la gente rica no sufra....
Sifaciem se puso un guante de piel en la mano izquierda. Ponía especial atención en la mirada de Alonso.
- El tema es que al parecer hay gente que no entiende que nuestros clientes son intocables. Hay que recordarselos de alguna forma.
- ¿Y cree que matándome va a olvidarse todo?
- Jajajaja... es usted muy gracioso. A veces me pregunto. ¿Cómo puede un detective serlo? ¿Van a la academia de sentido común a tomar una clase de malicia? - hizo una sonrisa torcida mientras e acomodaba el cabello con la mano izquierda.
- ¿entonces no va a matarme?
- Aún no. Primero va a darme información. ¿quiénes lo mandaron y dónde viven?
El detective Alonso no lo pensó dos veces. Sabía que esta gente era peligrosa y no amenazaban.
- No.
- ¿No?
- He dicho no, estúpido, imbécil. Si no me escuchas puedes acercarte más para que te escupa en la cara.
- Bueno. Ha tomado una decisión detective. Bye, bye.
Karol se estaba viendo al espejo examinando con detalle una pequeña mancha que tenía justo al lado izquierdo de su labio inferior. No le gustaba.
Era perfeccionista con su apariencia, procuraba estar siempre a tiempo y muy bonita para llegar a la escuela.
A la entrada de la misma, las miradas disimuladas de las chicas envidiosas y de los chicos embelesados le daban una sensación de poder.
Su padre, un empresario muy exitoso en los negocios siempre le repetía que debía esforzarse en los estudios, pero su espíritu rebelde e inquieto no la dejaba concentrarse. Más de una vez se había metido en problemas, sin consecuencias. Si no era su padre, seguramente algún chico le ayudaba a salir indemne.
Fuera de la escuela vestía muy acorde a su edad. Vestidos en colores neutros como beige, blanco o azules en tonos claros. Solo una vez probó vestir de rosa pero no le convenció. Su pelo lacio le llegaba a la mitad del cuello y su sonrisa amplia conquistaba a cualquiera. Solo odiaba las pecas que a veces le salían sobre las mejillas.
En la escuela en cambio se conformaba con el uniforme en horrible tonos cafés. Le hacían recordar el otoño. Algo que le traía recuerdos no muy buenos. Distraída abría el casillero donde dejaba algunos libros antes de entrar a su primera clase.
Una tarjeta con un enorme sobre azul salió volando. Lo tomó y lo metió al casillero. "Otro admirador secreto, seguramente. Con un poema o una foto retocada" pensó.
Su vida era perfecta. Una niña de una familia sin problemas económicos. Bonita, simpática, a todos les caía bien, inteligente, jefa de varias actividades extraescolares. En fin, todos podrían pensar que era inalcanzable en muchos sentidos.
Sus ojos castaños miraron una rosa clavada en la puerta del casillero que no vio antes. La tomó y se la llevó a los labios. La tomó con ella a su primera clase.
II
Alonso llevaba un maletín pequeño, de esos que ya pasaron de moda. Con seguros de combinación y hecho completamente de aluminio. Dentro llevaba algunos cuantos documentos pero en realidad nada de valor. Solo lo llevaba consigo para impresionar. Era uno de esos tipos que se gana la vida investigando la vida de los demás. Con la llegada del internet su trabajo era cada vez menos solicitado. Ahora seguirle la písta a alguien es mucho más fácil.
Esperó paciente a tomar el elevador.
Cuando se abrieron las puertas vio a una niña pequeña como de unos cinco años. Sus ojitos grises le miraron de manera inocente.
Alonso simplemente subió. Trató de ignorarla pero le ganó la curiosidad. Volteó a verla mientras eran llevados al piso 25 del edificio.
- ¡Qué bonita niña! ¿cómo te llamas pequeña?
- Estela, Estela,,,, Estela... - dijo la niña en forma repetida
- ¡Oh.... Estela! - y sacó un dulce de menta del bolsillo interior de su saco - Mira, te regalo un dulce.
- ¡Gracias señor! ¿Baja en el piso 25?
- Si... ¿vas también ahí?
En eso se abrieron las puertas del elevador. La luz indicaba que había llegado al piso 25.
Alonso bajó y volteó esperando que la niña lo siguiera, pero no fue así. Las puertas del elevador se cerraron y solo alcanzó a ver los ojitos grises de la niña viéndolo fijamente.
Caminó por el pasillo hasta llegar a la oficina 254. Ahí lo esperaba una mujer con rasgos asiáticos. Muy delgada y vestida de traje sastre le habló en un perfecto inglés con acento británico.
- Bienvenido, lo están esperando dentro para la firma de los documentos.
Entró a la oficina. Había algo extraño. Mucho silencio. Y al pasar a una pequeña habitación pudo ver a un hombre trajeado completamente de negro viéndolo con una sonrisa amplia y las manos juntas como si estuviera meditando.
- Ha llegado el invitado a esta representación.
- ¿Eh? ¿Es usted abogado o representante de ....?
- Shhhh..... silencio. Aquí no está permitido decir nombres detective Alonso.
Esto hizo que se sobresaltara. Se suponía que ellos no sabían quien era. Se había presentado como una persona interesada en comprar acciones para su jefe, un inversionista de España. Y que la persona con la que se vería iba a ser una mujer, la presidenta de un conglomerado.
- Veo que esta vez su intuición le ha fallado detective. Me gustaría decirle mi nombre, pero no me lo permiten mis jefes. Usted puede llamarme Sifaciem.
- Entonces, ¿sabe a qué he venido?
- Claro que si. Pero .... detective, esperaba una pregunta más inteligente... Algo así como .... ¿Es legítima la compañía en la que va a invertir su "jefe"?
Un mal presentimiento le llegó tarde al detective. Algo andaba muy mal. Estaba en un lugar muy silencioso con alguien desconocido discutiendo acerca de un tema muy delicado. Se forzó a mostrarse tranquilo. Dejó el maletín en el suelo y vio su reloj. Eran las 4 de la tarde en punto.
- Sabio es quien sabe conocer el tiempo. Hay tiempo para nacer, tiempo para crecer. Tiempo para aprender, tiempo para enseñar. Tiempo para amar y tiempo para ... ser amado.
Se sirvió una copa de una botella obscura y le extendió la misma al detective quien la rechazó.
- La cuestión es... si sabe quien soy ... ¿porqué me permitió llegar hasta aquí Sifaciem?
- No. No me malentienda detective. Solo sigo ordenes. No tengo voz ni voto. Pero. Es mi trabajo. Si fuera por mi estaríamos platicando en un pub y tomando cerveza. Sin embargo mi jefe me ha pedido que le relate porque estamos aquí.
- ¿puedo...? - dijo Alonso señalando una silla .
- Mis modales... cada vez están peor. Por supuesto. Siéntese. Esta historia le va a interesar mucho.
Encendió un puro y ofreció otro a Alonso quien lo rechazó.
III
- Usted, detective Alonso, está siguiendo la pista de una constructora. Lo hace porque dicha constructora ha "ayudado" a hacer edificios, centros comerciales y obras públicas que algunos consideran ... deficientes.
Alonso enfureció.
- ¿Deficientes dice? ¿Cómo se atreve? El último derrumbe del centro comercial no fue casualidad. Esos materiales no eran los adecuados... y...
La recepcionista de rasgos asiáticos se acercó a Alonso y lo amagó con una daga plateada cuya empuñadura parecía un tigre.
- Déjeme.. explicarle detective. Todos cometemos errores. Y, bueno, lo que hacen las personas para las que trabajo es simplemente tratar de arreglarlos lo mejor posible. Sin consecuencias, sin rastros.
- Ah! Usted limpia el ... desastre para que la gente rica no sufra....
Sifaciem se puso un guante de piel en la mano izquierda. Ponía especial atención en la mirada de Alonso.
- El tema es que al parecer hay gente que no entiende que nuestros clientes son intocables. Hay que recordarselos de alguna forma.
- ¿Y cree que matándome va a olvidarse todo?
- Jajajaja... es usted muy gracioso. A veces me pregunto. ¿Cómo puede un detective serlo? ¿Van a la academia de sentido común a tomar una clase de malicia? - hizo una sonrisa torcida mientras e acomodaba el cabello con la mano izquierda.
- ¿entonces no va a matarme?
- Aún no. Primero va a darme información. ¿quiénes lo mandaron y dónde viven?
El detective Alonso no lo pensó dos veces. Sabía que esta gente era peligrosa y no amenazaban.
- No.
- ¿No?
- He dicho no, estúpido, imbécil. Si no me escuchas puedes acercarte más para que te escupa en la cara.
- Bueno. Ha tomado una decisión detective. Bye, bye.