El río desciende, mi corazón pesa
y eras tú la perfección de la muerte
bajo sus aguas.
Allí nace la tarde de tu cuerpo mojado
y allí me dejo hoy
una cicatriz de amor entre los ojos.
Así, cinco corceles galopan
al fondo de la sangre mía,
atraillados, a punto de desbocar
su vientre de volcán
por la serenidad carnal de las venas y cartílagos.
Casi a muerte
he rendido el claror de los inviernos
y son níveos
los almendros que deposito en tus labios.
y eras tú la perfección de la muerte
bajo sus aguas.
Allí nace la tarde de tu cuerpo mojado
y allí me dejo hoy
una cicatriz de amor entre los ojos.
Así, cinco corceles galopan
al fondo de la sangre mía,
atraillados, a punto de desbocar
su vientre de volcán
por la serenidad carnal de las venas y cartílagos.
Casi a muerte
he rendido el claror de los inviernos
y son níveos
los almendros que deposito en tus labios.