jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
mi padre tenía una mujer
en uno de los pueblos que había
al otro lado de las colinas
nunca nos habló de ella
pero cada viernes a mediodía
después de comer salía de
la casa y no volvía
hasta el lunes cuando aparecía
borracho y sin rasurar en la cocina
y se sentaba a la mesa a desayunar
y mi madre le ponía enfrente una
taza de café y un panecillo y mi padre
decía "pásame el azúcar" y la peste
que salía de su boca nos
mareaba a todos
pero nadie decía nada
mi padre le daba un par de sorbos
al café, cogía un panecillo y
le daba un mordisco, sacaba luego
un cigarrillo y lo encendía, sus manos
temblaban, había una cosa turbia
en su mirada, mi madre
nos apuraba para irnos a
la escuela aquellas putas
mañanas de los lunes, mi padre y
su brutal pestilencia y su barba de
3 días; mi madre con su disfraz
de ama de casa abnegada y sumisa;
¿qué pasaría en la casa cuando
los dos se quedaban solos?
¿se la tiraba mi padre allí mismo
sobre la mesa de la cocina?
¿la ensuciaba con la porquería de la otra
sin que ella protestara?
¿por qué nunca decía nada mi madre?
¿y por qué lloró durante días enteros
cuando mi padre murió, casi como
si se hubiera muerto el mismo jesucristo?
una vez le pregunté a mi madre
sobre aquellos años, sobre su aparente
complacencia, su dejadez -ya era
vieja entonces y casi no salía
de la casa; moriría un año después
al caerse y golpearse la cabeza
en el baño-
me miró como si pensara
que yo fuese demasiado estúpido
o tal vez demasiado joven
todavía para entender
yo nunca dormí sola
cuando tu padre se ausentaba
de casa, pero esa no era ninguna
razón para joder mi matrimonio
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