Cuando perdemos lo que más hemos querido,
cuando tenemos ganas de gritar su nombre, y correr, y alcanzarle
donde quiera que este.
Porque sufrimos, lloramos, porque nada será igual;
Porque teníamos que irnos, y no hay vuelta atrás;
Pero a veces no estaría mal regresar,
tal vez todo seria más fácil si no hubiéramos conocido;
La felicidad de haber tenido,
y el vació de haber pedido, y no tener nada.
Una soledad más vieja que el universo,
de un amor más eterno que el espacio;
Del todo a la nada
De haber, al no existir,
De palpitar hasta reventar, hasta caer en coma;
De ganas de huir de todo, de hablar otra vez;
De regresar el tiempo atrás,
de corregir incluso sus fallas.
Pero escrito está que no hay vuelta atrás,
que lo bello se queda como recuerdo,
que lo malo como llagas.
Los recuerdos nada son ahora,
sino una excusa para llorar,
Y lo malo se anhela como si fuera una parte inherente a la existencia.
Hasta siempre, ojalá hasta luego,
ojalá algún día,
ojalá más maduros,
ojalá tú, ojalá yo,
Ojalá el destino nos vuelva a cruzar;
Y entonces todo podría ser diferente,
no me equivocaré tanto, no me harás tanto daño.
O quizás mañana despertaremos, y
como hoy, no habrá nadie aquí a un lado,
No estará esa persona de cuyo nombre tendremos vagos recuerdos;
Se habrán olvidado las caricias, los besos,
esas canciones, esas sensaciones,
Las promesas que nos hicimos, inocentes.
Y todo por no saber hablar, o poder remediar el pasado
Hasta siempre.