Pisquitina
Poeta recién llegado
Aléjate, aclamé,
Del miedo y del dolor
Te atrapó
Sin dejarte, escapé.
Entonces...
Apareció él
Y te olvidé,
tu adiós oculté
tu nombre callé.
Vete, decía,
Dudando, sí,
Quédate, pedía,
Y te lo impedía.
No me negaste
me reprochaste,
la valentía por soñarte
y admirarte.
Te lo grité
Con los pies cansados,
Te lo pinté
Con el susurro castigado.
Me perdías,
El pánico, te alejaba
El silencio, te asustaba
No te creías, que;
nunca fue blanco el ayer,
Te suponías, que;
el presente es celeste
como este,
que se tiñe de tinte,
como el del anochecer.
Tu fantasía acuchillé,
Y troceé
el capítulo dulce
Que un día brotó,
Y permaneció
Hasta que hoy agonizó.
Me fui sin ti
Sin mi maleta,
Quien me cubría
De los rayos del día.
En ti habité
Me alimenté
Respiré, maduré.
Y comprendí,
Decidí, sentí,
Te temí.
¡¿Por qué me ignorabas?!
¿Cómo lo entendía?
¡¿Por qué no me cuidabas?!
¿Cómo lo fingía?
Despierto te menciono;
Cuando te conocí,
No me llamaste
Cuando me descubrí,
No te abrazaste.
Y discutí.
Hablé, silenciaste
lloraste
Sonreí, aprendiste
Rectificaste.
Perdoné tu ausencia
En la presencia
Del origen nuestro
Del ángel vuestro.
Separados al fin
De urgencia mía
De demora tuya
Vinculados al fin
Por la existencia mía
Por la necesidad tuya.
Ahora descubrirás,
Tarde,
Que sobrevivirás,
En la larga carta
Que hoy leerás.
Hoy,
te vas
Hoy,
me voy.
Ya miré hacia atrás
Recordándote,
Ya miré hacia delante
Marchándome.
Acércate, mandé,
a la alegría y a la luz
te conquistó,
sin volver a nacer, reviví.
Entonces...
Te amaba.