Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Taminia lanzó una piedra a ras del agua que al elevar el ancla onduló con su barca hacia la isla ignota.
Al avistar la presencia de los niños malévolos y enjundiosos, temió por su vida, debía escapar de ellos
por el filtro luminoso cegador para desembocar en otro mar. Este nuevo mar, como un acendrado amor, la ha serenado.
Gira, revierte hacia el cenáculo de esferas encantadoras.
Al arribar, ha visto el oleaje desvariado imponiendo su devoción al espíritu del Olimpo.
El encantador paisaje del Arco Iris la sorprende. Entra y protegida por un manto de terciopelo se yergue.
Un altar polifónico, dibujado por su mente, crea un sol que deslumbra desde sus ojos hasta su muerte.
Taminia no tiene ritos funerarios porque nunca fue del mundo. Su espíritu elevado seguirá ascendiendo.
Cabe una plegaria por ella. Una admirable plegaria que ayude a soportar la vida a los simples mortales.
Al avistar la presencia de los niños malévolos y enjundiosos, temió por su vida, debía escapar de ellos
por el filtro luminoso cegador para desembocar en otro mar. Este nuevo mar, como un acendrado amor, la ha serenado.
Gira, revierte hacia el cenáculo de esferas encantadoras.
Al arribar, ha visto el oleaje desvariado imponiendo su devoción al espíritu del Olimpo.
El encantador paisaje del Arco Iris la sorprende. Entra y protegida por un manto de terciopelo se yergue.
Un altar polifónico, dibujado por su mente, crea un sol que deslumbra desde sus ojos hasta su muerte.
Taminia no tiene ritos funerarios porque nunca fue del mundo. Su espíritu elevado seguirá ascendiendo.
Cabe una plegaria por ella. Una admirable plegaria que ayude a soportar la vida a los simples mortales.
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