Martín Enrico
Poeta recién llegado
Frente a la ventana que me escucha inmóvil, junto a mi suspenso, se han adueñado de mis atardeceres tus ojos distraídos; realmente fue inesperada tu aparición sobre el umbral del tiempo. Sin previo aviso reuní una colección de nuevos sentimientos.
La lluvia desierta no deja de hablarme de ti todo el día, se ha dado cuenta de la tempestad desatada en mi alma. Es extraño, pero ya no existe historia ni verdad que no comiencen con tu sombra, ni libertad que no se halle cautiva si no vienes a verla. Todos los nombres se han extinguido… no existe nadie. Sólo quedan ansias pendientes de un sueño en iluminadas noches.
En cuanto a mí, ya no tengo valor para volver a ser tan sólo un cobarde, ni ganas de intentarlo, ni de que este silencio me grite mil reproches, por eso es que te escribo este mensaje desairado.
Por favor, regresa. No me abandones a la extraña suerte, ella no entiende de noches en vela, de llanto acumulado, no sabe de versos desauseados a la vera del futuro. No la obligues a consolarme por tu ausencia ni por mi muerte en vida.
La lluvia desierta no deja de hablarme de ti todo el día, se ha dado cuenta de la tempestad desatada en mi alma. Es extraño, pero ya no existe historia ni verdad que no comiencen con tu sombra, ni libertad que no se halle cautiva si no vienes a verla. Todos los nombres se han extinguido… no existe nadie. Sólo quedan ansias pendientes de un sueño en iluminadas noches.
En cuanto a mí, ya no tengo valor para volver a ser tan sólo un cobarde, ni ganas de intentarlo, ni de que este silencio me grite mil reproches, por eso es que te escribo este mensaje desairado.
Por favor, regresa. No me abandones a la extraña suerte, ella no entiende de noches en vela, de llanto acumulado, no sabe de versos desauseados a la vera del futuro. No la obligues a consolarme por tu ausencia ni por mi muerte en vida.
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