Estrella Cabrera
Poeta adicto al portal
TARDE DE TOROS
El toro sale a la plaza,
va pensando: “¿qué puñeta,
estoy haciendo yo aquí?”
Y se fija en la peineta
de una mujer que está allí,
sentada, con su abanico
junto a su marido rico
que es el terrateniente
de Montalbán, Don Vicente.
Y al verse solo en el ruedo
piensa el toro: “¿cómo puedo
escapar de este lugar?”
Antes, en el burladero
intuyó algo traicionero
que, en el momento de entrar
justo al cruzar la puerta
ya le hizo darse cuenta
de que aquello era una fiesta
y él invitado obligado
para la cual fue llevado…
Pero esa fiesta no era suya…
entonces llegó la puya.
Y en la plaza, de soslayo
el toro contempló al caballo.
Brotó sangre, la del toro
pero a nadie le dio pena,
sí les dolió la embestida…
el potro cayó en la arena.
El sol apretaba, y al rato,
se levantó el percherón
volviendo a la caseta herido.
Y, en el silencio, aturdido
el toro, ese latido
resonaba en el tendido
de su noble corazón.
Sale el torero a la plaza
capote en mano
una leve brisa alza
el rojo al vuelo
sombra descalza
empieza el duelo.
Tarde de templanza
tarde de hombres jugando
a ser valientes
y un toro agonizando
para regocijo de sus gentes.
Tarde de luces brillantes
que a la sombra se traducen
en rojos sangrantes,
banderillas que lucen
colores punzantes.
Y el toro suspira
tendido en la arena
resoplando mira
su dolor no apena.
Estrella C.Z.
El toro sale a la plaza,
va pensando: “¿qué puñeta,
estoy haciendo yo aquí?”
Y se fija en la peineta
de una mujer que está allí,
sentada, con su abanico
junto a su marido rico
que es el terrateniente
de Montalbán, Don Vicente.
Y al verse solo en el ruedo
piensa el toro: “¿cómo puedo
escapar de este lugar?”
Antes, en el burladero
intuyó algo traicionero
que, en el momento de entrar
justo al cruzar la puerta
ya le hizo darse cuenta
de que aquello era una fiesta
y él invitado obligado
para la cual fue llevado…
Pero esa fiesta no era suya…
entonces llegó la puya.
Y en la plaza, de soslayo
el toro contempló al caballo.
Brotó sangre, la del toro
pero a nadie le dio pena,
sí les dolió la embestida…
el potro cayó en la arena.
El sol apretaba, y al rato,
se levantó el percherón
volviendo a la caseta herido.
Y, en el silencio, aturdido
el toro, ese latido
resonaba en el tendido
de su noble corazón.
Sale el torero a la plaza
capote en mano
una leve brisa alza
el rojo al vuelo
sombra descalza
empieza el duelo.
Tarde de templanza
tarde de hombres jugando
a ser valientes
y un toro agonizando
para regocijo de sus gentes.
Tarde de luces brillantes
que a la sombra se traducen
en rojos sangrantes,
banderillas que lucen
colores punzantes.
Y el toro suspira
tendido en la arena
resoplando mira
su dolor no apena.
Estrella C.Z.