Tardes de calor

Luis Per

Poeta recién llegado
Me senté en la acera
era una tarde de calor
comencé a fumar como
todas las tardes de calor.
y oí su risa de otro tiempo
naufragar por las épocas
hasta hoy.
a llamarme
con su voz de corazón de
selva.
el tañido de su alegría
era un pantano, ¡una ciénaga
en la que caía.
y la extrañe endemoniadamente
otras tardes así, de calor y ella.
en la que caía todo, el mundo
los evangelistas y los domingos...
y no nos importaba nada porque
reíamos como dos locos que no
tuvieran pasado y nacieran allí.
volvía su risa de espada cayendo
sobre cadenas
su hálito de grandes epopeyas
que fluctuaba como aliento
por las épocas hasta estrellarse
a esta tarde de calor y humo.
pero venia extraña.
ahora venia en el batir de los arboles,
en los ladridos de perros a ultima noche,
en vendedores anunciando sus productos...

Era una tarde nostálgica
como las noches que le sirven
a los poetas.
el tiempo se iba, se sentía.
te disparaba, mordía
para que hicieras algo,
quizás ir a Irlanda, escribir un libro
o gritarle que volviera a la nada
haber si se aparecía por capricho.

Me senté en la acera
porque era la tarde
y es lo que siempre hago
y me pregunte como estaría su día
si vio televisión y esos programas baratos
de parodia que no causan mucha risa
pero dejan pasar el tiempo,
si su perro no la jodió toda la noche
y si tendría tardes como esta de calor y recuerdos.
 
Me senté en la acera
era una tarde de calor
comencé a fumar como
todas las tardes de calor.
y oí su risa de otro tiempo
naufragar por las épocas
hasta hoy.
a llamarme
con su voz de corazón de
selva.
el tañido de su alegría
era un pantano, ¡una ciénaga
en la que caía.
y la extrañe endemoniadamente
otras tardes así, de calor y ella.
en la que caía todo, el mundo
los evangelistas y los domingos...
y no nos importaba nada porque
reíamos como dos locos que no
tuvieran pasado y nacieran allí.
volvía su risa de espada cayendo
sobre cadenas
su hálito de grandes epopeyas
que fluctuaba como aliento
por las épocas hasta estrellarse
a esta tarde de calor y humo.
pero venia extraña.
ahora venia en el batir de los arboles,
en los ladridos de perros a ultima noche,
en vendedores anunciando sus productos...

Era una tarde nostálgica
como las noches que le sirven
a los poetas.
el tiempo se iba, se sentía.
te disparaba, mordía
para que hicieras algo,
quizás ir a Irlanda, escribir un libro
o gritarle que volviera a la nada
haber si se aparecía por capricho.

Me senté en la acera
porque era la tarde
y es lo que siempre hago
y me pregunte como estaría su día
si vio televisión y esos programas baratos
de parodia que no causan mucha risa
pero dejan pasar el tiempo,
si su perro no la jodió toda la noche
y si tendría tardes como esta de calor y recuerdos.
Bella melancolía para un precioso poema de ausencias, la nostalgia brilla en tus versos y a mi me engancha. Muy bueno amigo Luis. Un saludo. Paco.
 

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