manuel flores pinzon
Poeta fiel al portal
Pasaba de repente y furtiva,
desafiando alerta al piso con sus pies,
con las flores de su pecho néctar y sus ojos soles.
con la suave lluvia que sabe a suspiro.
No demudaba ni fingía su belleza,
sus ojos que palpitan en mi sangra fría,
venia balanceando las caderas que eran aire y brisa y mar,
con sus manos blancas que escribían en mi cuerpo,
con su curvilínea cintura de ágiles trazos.
Su cuello desnudo y su cabello sencillamente peinado sin membretes,
consigo misma que es angustia y ansiedad y necesidad,
de diez centímetros el mar oceánico que nos separaba,
de diez ladrillos la dura frontera del silencio sin palabra,
de minutos vueltos horas y días y semanas y meses y años
mi espera sola.
Traían las tardes rojizas nuestras miradas tímidas al descubierto,
el olor a enamorado en el aire preso de su cuerpo,
mis ojos palpitantes y llorosos de negros vidrios.
Que el tiempo no retenga tu silencio
ni desborone tu imagen,
ahora flor y sol y ausencia y vida y muerte.
desafiando alerta al piso con sus pies,
con las flores de su pecho néctar y sus ojos soles.
con la suave lluvia que sabe a suspiro.
No demudaba ni fingía su belleza,
sus ojos que palpitan en mi sangra fría,
venia balanceando las caderas que eran aire y brisa y mar,
con sus manos blancas que escribían en mi cuerpo,
con su curvilínea cintura de ágiles trazos.
Su cuello desnudo y su cabello sencillamente peinado sin membretes,
consigo misma que es angustia y ansiedad y necesidad,
de diez centímetros el mar oceánico que nos separaba,
de diez ladrillos la dura frontera del silencio sin palabra,
de minutos vueltos horas y días y semanas y meses y años
mi espera sola.
Traían las tardes rojizas nuestras miradas tímidas al descubierto,
el olor a enamorado en el aire preso de su cuerpo,
mis ojos palpitantes y llorosos de negros vidrios.
Que el tiempo no retenga tu silencio
ni desborone tu imagen,
ahora flor y sol y ausencia y vida y muerte.