Vivo aquí en el centro de mi estanque,
rodeada de agua cristalina donde
se refrescan pequeñas golondrinas
que algún día emigraran en busca de su destino.
Luz del día que comienza a desvanecerse
diminutos puntos brillantes en el cielo
anuncian la hora del descanso, recuperar
fuerzas. Ella, la luna, me invita a soñar.
Antes de cerrar las persianas de mi alma,
camino hacia el borde del estanque,
miro lejos, escucho la melodía de la noche
entonada por grillos al pie de mi ventana.
Extiendo mis brazos como si fueran alas,
siento en mi rostro la caricia de la brisa,
mis parpados se cierran, mi mente vuela,
recorre miles de kilómetros hasta tu morada.
Me detengo a centímetros de tu boca,
deseos de saciar mis anhelos en brazos
de mi caballero brotan en mi cuerpo y, solo
te observo, con la imaginación te contemplo.
Esculpo tu imagen en mis pupilas,
inhalo tu aroma como mi fragancia,
memorizo tu voz en mis pensamientos,
tomo pedacitos de ti para tatuarlos en mí…
Tú, mi ángel, vives en mí...
Tu pequeña consentida...
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