¿Te acuerdas, mi amada gacela,
ese día de verano asfixiante
cuando al mojarnos los pies
en la tibia ribera del sauce?
Vimos, para nuestro asombro,
algo moverse en los matorrales.
Mansa y cristalina, el agua
que al posar los pies confiados,
como espejismo y serpenteando,
hizo presencia algo raro.
El eco ausente en el nicho
de rescoldos escondidos
sepultó las aguas ya muertas
dentro de un alud infinito.
¿Te acuerdas, mi asustada gacela,
cuando al mirar nos sorprendimos
y salimos corriendo por miedo,
raudo, como rayo malherido?
No quedó inocencia viva
que, como niño aturdido
bajando unas escaleras,
tropezara torpe en los piños.
Fueron carcajadas tímidas
cuando al mirar de refilón
una bota que se ahogaba
sumergió buscando alivio.
¿Te acuerdas, mi dulce gacela,
que decidimos marcharnos
por miedo a encontrar inquilino
que sujetara aquel náufrago
furtivo en las aguas del río?
Esa tarde nos callamos
en el pueblo de los vivos;
no quisimos delatarnos
y sellamos nuestro hocico.
¿Te acuerdas, mi amada gacela?
ese día de verano asfixiante
cuando al mojarnos los pies
en la tibia ribera del sauce?
Vimos, para nuestro asombro,
algo moverse en los matorrales.
Mansa y cristalina, el agua
que al posar los pies confiados,
como espejismo y serpenteando,
hizo presencia algo raro.
El eco ausente en el nicho
de rescoldos escondidos
sepultó las aguas ya muertas
dentro de un alud infinito.
¿Te acuerdas, mi asustada gacela,
cuando al mirar nos sorprendimos
y salimos corriendo por miedo,
raudo, como rayo malherido?
No quedó inocencia viva
que, como niño aturdido
bajando unas escaleras,
tropezara torpe en los piños.
Fueron carcajadas tímidas
cuando al mirar de refilón
una bota que se ahogaba
sumergió buscando alivio.
¿Te acuerdas, mi dulce gacela,
que decidimos marcharnos
por miedo a encontrar inquilino
que sujetara aquel náufrago
furtivo en las aguas del río?
Esa tarde nos callamos
en el pueblo de los vivos;
no quisimos delatarnos
y sellamos nuestro hocico.
¿Te acuerdas, mi amada gacela?