PANYU DAMAC
Poeta asiduo al portal
1
Busqué una forma de acomodar la prontitud de tu tiempo
en mis espacios,
y tus espacios tú me abriste para darle cabida
a un soplo de mi tiempo.
Ahora nuestras vidas rondan por los universos
y se confunden en el útero de la impermanencia.
No han de volverse uno porque quieren danzar
y desplegar sus pétalos de hielo.
2
Compartamos despiertos la asperción de un nuevo ciclo,
separemos nuestros sueños para poder continuar soñando.
Desliguemos las llamas de nuestros corazones
y alumbremos en ello el puente que ahora arde
entre tu presencia y el mundo que has provocado.
Esa eres Tú, y son tus pasos,
recorridos por los milenarios despertares del recuerdo,
un rincón de la conciencia iluminado
por el curvado brillo en tu silueta.
3
¿Qué ha pasado con el cielo,
¿dónde fueron las tormentas?.
Conviertes la forma de tu condensación enérgica en lluvia romántica,
goteas con tu transpiración mental los tejados de mi espera,
vuelves a refrescar la delicadeza,
das el intervalo en que perdura la tranquilidad.
Pídele a mi trastorno que acueste esta cabeza
en el regazo de la comprensión
que menos que yo usas, mucho menos necesitas.
Acaricia con pétalos de los que ven tus ojos
la aspereza de mi paz.
Enreda los rizos de esperanza a las ramas de mi mañana,
crece en mi futuro,
desenjaula tus flores en la atmósfera que se anida por el valle ,
que luego, con el olfato contagiado por mi afecto,
recorreré vivaces saltos de tu intuitivo aroma.
Con la impresión que esa senda talle en la memoria,
frisaré las cúpulas abiertas de alguna fantasía;
hasta que hechos otra vez polvo los castillos
pueda volver a olerse el perfume de la dicha, de la gloria.
4
Allí podré remover sin siquiera tocarte,
burbujas que cubren tu ebullición lúdica,
pompas ciliares en las que flota el tacto,
al igual que dulces lotos en tus jugos.
Allí morderé con mis dientes silvestres
la pulpa de tu palpitante centro.
Sagrada dentellada, que nunca nadie más ha de ver
porque la llevarás desde ahora dentro.
5
Se llena cansado de olas mi descanso,
música desdoblada que agita nuestro destino,
notas alveolares que golpean al insomnio
y crispan el agua en la cúspide del humano poro.
Loas doradas se desprenden de tu pajarera astral,
bandadas de aves luminosas migrando hacia el invierno.
Corrientes mansas en las que ondula la sonrisa,
y se bañan tus suspiros.
Sabanas dérmicas en las que se revela el horizonte,
palabras tenues que aplastan las vorágines del pensamiento,
crestas labiales que lamen la costa de la lucidés terrena,
llanos momentos asoleados por el consanguíneo destino,
taigas tropicales reverdecidas por el pestañeo enamorado.
6
Así son mis horas claras,
como el eterno sálpico salido de tus ilusiones.
Así es la estigma de mi ser,
brillante como el rubí encarnado de tu pecho,
maduro como el otoño único,
sobre cuya tierra cayó solo una hoja,
la que tumbara el vendaval desconcertado de la creación, quizás,
barrida no se cuántas veces por la muerte del ayer
7
Sólo ha quedado ahora,
suelo adornado de poros silenciosos,
el viñedo agreste sembrado de pieles sin vino,
un prado meditabundo de espigas
que se desgranan como ausencia al viento.
Enraizaste tu humedad a mis capas sensoriales,
bebiste de mi calor,
bebiste de las profundidades de mi ser
la luz perfundible de una futura estrella,
te abriste a la boca de mi conocimiento para decir
que el amor proviene de la sabiduría.
8
Diré luego al encuentro;
que la felicidad era hierba salvaje
antes de que tú llegaras.
Que el río era un fluir estoico
de piedras sin brillo.
Pero ahora que la pureza
se ha escotado su más atractivo fondo
orlaré tu pelo con los vivos reflejos del arroyo.
Atisbaré, allí donde se quiebran las bases de la simetría,
un resquicio que pueda empalmar a la naciente.
9
Verás por qué llora la sonrisa,
mientras una lágrima renace.
Verás lo poco que han recorrido mis versos
las sendas de tu figuración
Si!, dime que apenas empieza a despertar.
Dime que lo visto no es más que una alocada danza de sombras.
Que en la médula de este atardecer vibran rebosantes
y adornadas de plata tus articulaciones.
Dile a los oidos de mi corazón
que allí estarán como siempre los latidos de la fuerza,
que yo diré a tu cascada escondida porque la voluntad es azul.
Azul como el verso disperso entre tus ojos y tu risa,
azul como la libertad del canto
y el canto a la transparencia de lo ciego.
Azul como el sociego del que están hechas en parte tus virtudes.
10
Equilibra ese azul en los mares de mi angustia,
pinta el cielo de tu vientre,
que yo recogeré las migajas que me dejes
para alimentar este enjambre de letras.
Dejarás que vuelva a soterrar las semillas de tus besos
en la tierra donde yace sepultado para siempre el llanto.
Yo cavaré en tus pestañas,
retiraré con sutileza hasta limpiar el último rastro,
y así poder guardármelo para la hora mansedumbre
en la que de nuevo tragaré onza a onza el fuego,
el fuego apagado en los pozos de tu encanto, tus miradas.
Para mi amada Paty. que todavía habita al sur de mis sueños...
Busqué una forma de acomodar la prontitud de tu tiempo
en mis espacios,
y tus espacios tú me abriste para darle cabida
a un soplo de mi tiempo.
Ahora nuestras vidas rondan por los universos
y se confunden en el útero de la impermanencia.
No han de volverse uno porque quieren danzar
y desplegar sus pétalos de hielo.
2
Compartamos despiertos la asperción de un nuevo ciclo,
separemos nuestros sueños para poder continuar soñando.
Desliguemos las llamas de nuestros corazones
y alumbremos en ello el puente que ahora arde
entre tu presencia y el mundo que has provocado.
Esa eres Tú, y son tus pasos,
recorridos por los milenarios despertares del recuerdo,
un rincón de la conciencia iluminado
por el curvado brillo en tu silueta.
3
¿Qué ha pasado con el cielo,
¿dónde fueron las tormentas?.
Conviertes la forma de tu condensación enérgica en lluvia romántica,
goteas con tu transpiración mental los tejados de mi espera,
vuelves a refrescar la delicadeza,
das el intervalo en que perdura la tranquilidad.
Pídele a mi trastorno que acueste esta cabeza
en el regazo de la comprensión
que menos que yo usas, mucho menos necesitas.
Acaricia con pétalos de los que ven tus ojos
la aspereza de mi paz.
Enreda los rizos de esperanza a las ramas de mi mañana,
crece en mi futuro,
desenjaula tus flores en la atmósfera que se anida por el valle ,
que luego, con el olfato contagiado por mi afecto,
recorreré vivaces saltos de tu intuitivo aroma.
Con la impresión que esa senda talle en la memoria,
frisaré las cúpulas abiertas de alguna fantasía;
hasta que hechos otra vez polvo los castillos
pueda volver a olerse el perfume de la dicha, de la gloria.
4
Allí podré remover sin siquiera tocarte,
burbujas que cubren tu ebullición lúdica,
pompas ciliares en las que flota el tacto,
al igual que dulces lotos en tus jugos.
Allí morderé con mis dientes silvestres
la pulpa de tu palpitante centro.
Sagrada dentellada, que nunca nadie más ha de ver
porque la llevarás desde ahora dentro.
5
Se llena cansado de olas mi descanso,
música desdoblada que agita nuestro destino,
notas alveolares que golpean al insomnio
y crispan el agua en la cúspide del humano poro.
Loas doradas se desprenden de tu pajarera astral,
bandadas de aves luminosas migrando hacia el invierno.
Corrientes mansas en las que ondula la sonrisa,
y se bañan tus suspiros.
Sabanas dérmicas en las que se revela el horizonte,
palabras tenues que aplastan las vorágines del pensamiento,
crestas labiales que lamen la costa de la lucidés terrena,
llanos momentos asoleados por el consanguíneo destino,
taigas tropicales reverdecidas por el pestañeo enamorado.
6
Así son mis horas claras,
como el eterno sálpico salido de tus ilusiones.
Así es la estigma de mi ser,
brillante como el rubí encarnado de tu pecho,
maduro como el otoño único,
sobre cuya tierra cayó solo una hoja,
la que tumbara el vendaval desconcertado de la creación, quizás,
barrida no se cuántas veces por la muerte del ayer
7
Sólo ha quedado ahora,
suelo adornado de poros silenciosos,
el viñedo agreste sembrado de pieles sin vino,
un prado meditabundo de espigas
que se desgranan como ausencia al viento.
Enraizaste tu humedad a mis capas sensoriales,
bebiste de mi calor,
bebiste de las profundidades de mi ser
la luz perfundible de una futura estrella,
te abriste a la boca de mi conocimiento para decir
que el amor proviene de la sabiduría.
8
Diré luego al encuentro;
que la felicidad era hierba salvaje
antes de que tú llegaras.
Que el río era un fluir estoico
de piedras sin brillo.
Pero ahora que la pureza
se ha escotado su más atractivo fondo
orlaré tu pelo con los vivos reflejos del arroyo.
Atisbaré, allí donde se quiebran las bases de la simetría,
un resquicio que pueda empalmar a la naciente.
9
Verás por qué llora la sonrisa,
mientras una lágrima renace.
Verás lo poco que han recorrido mis versos
las sendas de tu figuración
Si!, dime que apenas empieza a despertar.
Dime que lo visto no es más que una alocada danza de sombras.
Que en la médula de este atardecer vibran rebosantes
y adornadas de plata tus articulaciones.
Dile a los oidos de mi corazón
que allí estarán como siempre los latidos de la fuerza,
que yo diré a tu cascada escondida porque la voluntad es azul.
Azul como el verso disperso entre tus ojos y tu risa,
azul como la libertad del canto
y el canto a la transparencia de lo ciego.
Azul como el sociego del que están hechas en parte tus virtudes.
10
Equilibra ese azul en los mares de mi angustia,
pinta el cielo de tu vientre,
que yo recogeré las migajas que me dejes
para alimentar este enjambre de letras.
Dejarás que vuelva a soterrar las semillas de tus besos
en la tierra donde yace sepultado para siempre el llanto.
Yo cavaré en tus pestañas,
retiraré con sutileza hasta limpiar el último rastro,
y así poder guardármelo para la hora mansedumbre
en la que de nuevo tragaré onza a onza el fuego,
el fuego apagado en los pozos de tu encanto, tus miradas.
Para mi amada Paty. que todavía habita al sur de mis sueños...