Te amo desde ayer
cuando tus labios me inventaron
con la complicidad esbelta de los pinos
y el canto de los astros
cayendo limpiamente
sobre la fuente ansiosa
del jardín castizo y casto de mi pueblo.
O, más bien,
te amo desde aquella tarde
que no pudo
contenernos
y rodé tras de ti
por cada calle estacionada
en su propio pavimento.
No.
Te amo desde que mis ojos
se abrieron en la espiral de los tuyos,
y tu voz me penetró
cada palpitación
como diluvio.
No, no.
Te amo desde antes,
antes de ser péndulo y latido de tu tiempo,
aun antes de que fuéramos creados,
en la espera silenciosa de tu espiga
ya te amaba.
cuando tus labios me inventaron
con la complicidad esbelta de los pinos
y el canto de los astros
cayendo limpiamente
sobre la fuente ansiosa
del jardín castizo y casto de mi pueblo.
O, más bien,
te amo desde aquella tarde
que no pudo
contenernos
y rodé tras de ti
por cada calle estacionada
en su propio pavimento.
No.
Te amo desde que mis ojos
se abrieron en la espiral de los tuyos,
y tu voz me penetró
cada palpitación
como diluvio.
No, no.
Te amo desde antes,
antes de ser péndulo y latido de tu tiempo,
aun antes de que fuéramos creados,
en la espera silenciosa de tu espiga
ya te amaba.