ISANDA
Anabel Barragán
Arrugué el cielo,
desordené el hueco
donde el cosmos
guardó nuestro secreto.
Desbaraté el cimiento
más grande erigido
con el más puro sentimiento
de cariño y respeto.
Ondulé el deseo
de quererte sin aliento,
sin miedo,
con la certeza absoluta
de abrazarte
en la siguiente vida.
enarbolándote de guirnaldas
de luces cristalinas
encapsuladas de Campanillas.
Donde tus besos,
mis caricias
habitantes permanentes
de mis llegadas,
y despedidas.
Donde impaciente me buscas
entre tintineantes púlsares
de cromáticas anillas.
Y sólo querrás
centrar tu mirada
en la violenta y desesperada
entrega,
de mis manos complacientes
que te requieren,
que también, a veces te hieren...
Siempre,
Sin remedio.
Y en silencio
Mueren
De vacío sin ti.
desordené el hueco
donde el cosmos
guardó nuestro secreto.
Desbaraté el cimiento
más grande erigido
con el más puro sentimiento
de cariño y respeto.
Ondulé el deseo
de quererte sin aliento,
sin miedo,
con la certeza absoluta
de abrazarte
en la siguiente vida.
enarbolándote de guirnaldas
de luces cristalinas
encapsuladas de Campanillas.
Donde tus besos,
mis caricias
habitantes permanentes
de mis llegadas,
y despedidas.
Donde impaciente me buscas
entre tintineantes púlsares
de cromáticas anillas.
Y sólo querrás
centrar tu mirada
en la violenta y desesperada
entrega,
de mis manos complacientes
que te requieren,
que también, a veces te hieren...
Siempre,
Sin remedio.
Y en silencio
Mueren
De vacío sin ti.
Última edición: