Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
TE BUSCO
Añoro los pasos que aún no has dado
y que guardo en una botella oscura.
Te busco invisiblemente,
en las calles que me plasman como si fuera
un fantasma ciego y retraído.
Estas cosas me tira el destino,
yo quiero apartarlas todas de su blanco: mi cuerpo;
inyectan su veneno, absorven la placenta que reseca mi piel,
chupan mi sangre casi coagulada e informe.
Cuando vuelves del encierro?
Cuando emigras con tu cometa de claveles?
Hasta cuando dura lo eterno?
Se demora tu recuerdo para esperarme en su esquina de metal,
se desmorona mi cuerpo ante tu mapa de relieves matutinos.
Esta sombra me persigue con tus pasos,
esta noticia nueva de que aún faltan por desgranar
las mazorcas grises de tu espera,
la infalible fuerza para alejarme y devolverme
de tu telaraña rutilante,
a tu cuerpo,
a tus mariposas oscilantes entre mi boca y tu boca,
sacrificio al sol para secarme el alma;
tu xilema, mi floema, planctón ineludible
que alimenta los peces de la noche.
Te busco engreído, lejano del sonido y su alcázar,
te hallo, entre sábanas dormidas
que mis manos entretejen y desarman.
De Poemas Primigenios, (poesía amorosa 1.993-1.998)
Añoro los pasos que aún no has dado
y que guardo en una botella oscura.
Te busco invisiblemente,
en las calles que me plasman como si fuera
un fantasma ciego y retraído.
Estas cosas me tira el destino,
yo quiero apartarlas todas de su blanco: mi cuerpo;
inyectan su veneno, absorven la placenta que reseca mi piel,
chupan mi sangre casi coagulada e informe.
Cuando vuelves del encierro?
Cuando emigras con tu cometa de claveles?
Hasta cuando dura lo eterno?
Se demora tu recuerdo para esperarme en su esquina de metal,
se desmorona mi cuerpo ante tu mapa de relieves matutinos.
Esta sombra me persigue con tus pasos,
esta noticia nueva de que aún faltan por desgranar
las mazorcas grises de tu espera,
la infalible fuerza para alejarme y devolverme
de tu telaraña rutilante,
a tu cuerpo,
a tus mariposas oscilantes entre mi boca y tu boca,
sacrificio al sol para secarme el alma;
tu xilema, mi floema, planctón ineludible
que alimenta los peces de la noche.
Te busco engreído, lejano del sonido y su alcázar,
te hallo, entre sábanas dormidas
que mis manos entretejen y desarman.
De Poemas Primigenios, (poesía amorosa 1.993-1.998)
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