Te dejo sola, soledad, me voy muy lejos de ti,
donde unos brazos que esperan y ya se abren por mi;
mientras tú te quedas triste, pensando quien llegue a ti,
pero hoy he descubierto que a mi me toca reír.
Tú que apresado me tuviste, haciéndome llorar, sufrir,
Creyéndote que eras mi dueña;
Recreándote en la ausencia que alguien me diera amor,
Pero si mucho reíste, ahora quien ríe soy yo.
Yo nunca pensé invitarte a venir a conocerla,
Pero mira que bella es, la mujer que a mi me espera;
Celos tendrás lo sé, y de ti me cuidaré,
Porque conozco tu envidia y también tu mala fe.
Hoy que me alejo de tu lado, me marcho, sin pena alguna,
Y si tal vez maldecirte, eso tal vez pudiera;
Porque al igual que a mí, a otras personas te aferras,
Pero yo me liberé de tus garras y cadenas.
Y a esta mujer que amo, que le doy mi corazón.
Me la grabaré en el alma, con sangre de mi emoción;
Porque solo me sentía, hasta que ella llegó,
Y tú, soledad maldita, quédate en algún rincón.
donde unos brazos que esperan y ya se abren por mi;
mientras tú te quedas triste, pensando quien llegue a ti,
pero hoy he descubierto que a mi me toca reír.
Tú que apresado me tuviste, haciéndome llorar, sufrir,
Creyéndote que eras mi dueña;
Recreándote en la ausencia que alguien me diera amor,
Pero si mucho reíste, ahora quien ríe soy yo.
Yo nunca pensé invitarte a venir a conocerla,
Pero mira que bella es, la mujer que a mi me espera;
Celos tendrás lo sé, y de ti me cuidaré,
Porque conozco tu envidia y también tu mala fe.
Hoy que me alejo de tu lado, me marcho, sin pena alguna,
Y si tal vez maldecirte, eso tal vez pudiera;
Porque al igual que a mí, a otras personas te aferras,
Pero yo me liberé de tus garras y cadenas.
Y a esta mujer que amo, que le doy mi corazón.
Me la grabaré en el alma, con sangre de mi emoción;
Porque solo me sentía, hasta que ella llegó,
Y tú, soledad maldita, quédate en algún rincón.