Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Te descubro a cada beso;
un nuevo amanecer
que sucumbe al hambre de ti;
semilla germinada hace tanto
y que hasta ahora se entrega,
como tierna flor entre mis manos.
Te descubro sublime,
a través de tu mirada
enmarcada en esos velos negros,
que acarician hasta el alma.
Te descubro fuerte,
más que nunca valiente,
subsistiendo a llamaradas
de un fuego frío,
en un infierno extraño
al que yo mismo te llevé.
Te descubro apasionada,
irreverente,
con caricias que encienden
hasta los recuerdos,
de una vida que tan solo era,
una sombra en el espejo.
Te descubro nuevamente,
porque ahora que por fin te veo,
el amor por ti explota con mis sueños;
con el aire que me invade,
con la luz de tu presencia que me abraza y dice...
¡Ven a mí, que aún no es tarde!
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un nuevo amanecer
que sucumbe al hambre de ti;
semilla germinada hace tanto
y que hasta ahora se entrega,
como tierna flor entre mis manos.
Te descubro sublime,
a través de tu mirada
enmarcada en esos velos negros,
que acarician hasta el alma.
Te descubro fuerte,
más que nunca valiente,
subsistiendo a llamaradas
de un fuego frío,
en un infierno extraño
al que yo mismo te llevé.
Te descubro apasionada,
irreverente,
con caricias que encienden
hasta los recuerdos,
de una vida que tan solo era,
una sombra en el espejo.
Te descubro nuevamente,
porque ahora que por fin te veo,
el amor por ti explota con mis sueños;
con el aire que me invade,
con la luz de tu presencia que me abraza y dice...
¡Ven a mí, que aún no es tarde!
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