pumuki
Poeta asiduo al portal
Recuerdo cómo mis ojos te miraban,
transpasaban cualquier tela
que tu cuerpo celosamente cubría;
pero pronto rasgué esa seda
para ver lo q debajo se escondía.
Empecé a besar, a tocar con mis labios
una piel que jamás había tocado
suave como el lino, tersa y ennegracida
por el sol y por su llama encendida.
Fruta exótica, delicia de mi boca
me haces pecar, tu sensualidad me equivoca,
tus gestos pícaros me provocan
el ritmo de tu cuerpo me disloca
las caderas y las piernas,
me descoloca de pies a cabeza.
Según pasaban las horas
la desnudez era más honda,
nos quitamos la piel, nos quitamos el alma,
nos quitamos el amor y también la ropa.
Seguía deslizándome entre los surcos
de tu piel y tus músculos,
pintando con mis manos
el más bonito de los dibujos.
Malditas sean las horas
porque el tiempo se me acaba
y aún me falta por desnudar
la pureza que desbordas.
Frágil mirada, flecha que me mata
te comeré hasta que llegue la mañana,
te harás mi mitad, parte mía hasta el final;
hasta que tu gemido agonizante
difumine el horizonte,
que no haya ni día, que no haya noche
y las estrellas se estremezcan
al oír el alarido en la oscuridad placentera.
Es la voz del amor, la canción de la pasión
grito de la victoria del placer y su furor;
el orgasmo de tu piel excretaba sudor
al igual que tu aliento cansado y excitado
después de haberte ruínmente ensuciado.
transpasaban cualquier tela
que tu cuerpo celosamente cubría;
pero pronto rasgué esa seda
para ver lo q debajo se escondía.
Empecé a besar, a tocar con mis labios
una piel que jamás había tocado
suave como el lino, tersa y ennegracida
por el sol y por su llama encendida.
Fruta exótica, delicia de mi boca
me haces pecar, tu sensualidad me equivoca,
tus gestos pícaros me provocan
el ritmo de tu cuerpo me disloca
las caderas y las piernas,
me descoloca de pies a cabeza.
Según pasaban las horas
la desnudez era más honda,
nos quitamos la piel, nos quitamos el alma,
nos quitamos el amor y también la ropa.
Seguía deslizándome entre los surcos
de tu piel y tus músculos,
pintando con mis manos
el más bonito de los dibujos.
Malditas sean las horas
porque el tiempo se me acaba
y aún me falta por desnudar
la pureza que desbordas.
Frágil mirada, flecha que me mata
te comeré hasta que llegue la mañana,
te harás mi mitad, parte mía hasta el final;
hasta que tu gemido agonizante
difumine el horizonte,
que no haya ni día, que no haya noche
y las estrellas se estremezcan
al oír el alarido en la oscuridad placentera.
Es la voz del amor, la canción de la pasión
grito de la victoria del placer y su furor;
el orgasmo de tu piel excretaba sudor
al igual que tu aliento cansado y excitado
después de haberte ruínmente ensuciado.
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