Arnaldo
Poeta recién llegado
No basta el viento, esculpiendo la rosa
ni el mar helado, rompiendo la roca.
Del gélido hielo al llegar te toca,
sin sentido, el tiempo, besando tu boca.
No importa el invierno, me abrigo en tu sombra.
Acobijarme en mis prosas, que hoy te nombran.
Con chocolate hirviendo calentaré la estrofa,
del poema añejo de mi sueño en popa.
Será hermoso el otoño, de las hojas secas.
Crujientes los pétalos, romperse en tus quejas.
Salpicaré del cántaro, el agua de tu alberca
para fascinarme del dorado, de la estación que dejas.
Ni el cálido verano, del sol que quema
llenará la hoguera de mi alma en pena.
Surrantes cigarras de las tardes huecas,
entonando conciertos, por sentirte cerca.
Quizás entre azul y rosa vestirás en primavera,
regalándome el iluso cuento, que hoy me espera.
Y será tu dulce voz soplando entre las hiedras,
con tu perfume tibio, despabilándome, por si te enteras
ni el mar helado, rompiendo la roca.
Del gélido hielo al llegar te toca,
sin sentido, el tiempo, besando tu boca.
No importa el invierno, me abrigo en tu sombra.
Acobijarme en mis prosas, que hoy te nombran.
Con chocolate hirviendo calentaré la estrofa,
del poema añejo de mi sueño en popa.
Será hermoso el otoño, de las hojas secas.
Crujientes los pétalos, romperse en tus quejas.
Salpicaré del cántaro, el agua de tu alberca
para fascinarme del dorado, de la estación que dejas.
Ni el cálido verano, del sol que quema
llenará la hoguera de mi alma en pena.
Surrantes cigarras de las tardes huecas,
entonando conciertos, por sentirte cerca.
Quizás entre azul y rosa vestirás en primavera,
regalándome el iluso cuento, que hoy me espera.
Y será tu dulce voz soplando entre las hiedras,
con tu perfume tibio, despabilándome, por si te enteras