Esa cosa de ir siempre por el borde
sin el ángel ni la espada
y el vacío en la garganta
desolando el deseo incolmable.
En un fuego y una oscuridad,
como aquellas cosas que no se hablan
porque aún, en su silencio,
no están sanas, así te invoco hoy.
Suspendido en la hamaca aureolada
de tu recuerdo, del extrañar tu voz,
cual barrilete al viento y al amor
te espero a cada instante en mí corazón.
Y te espero sin saber cómo quemar este infierno que se metió en el alma,
sin el canto de las quimeras,
entre la primera lágrima y el último adiós.
sin el ángel ni la espada
y el vacío en la garganta
desolando el deseo incolmable.
En un fuego y una oscuridad,
como aquellas cosas que no se hablan
porque aún, en su silencio,
no están sanas, así te invoco hoy.
Suspendido en la hamaca aureolada
de tu recuerdo, del extrañar tu voz,
cual barrilete al viento y al amor
te espero a cada instante en mí corazón.
Y te espero sin saber cómo quemar este infierno que se metió en el alma,
sin el canto de las quimeras,
entre la primera lágrima y el último adiós.
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