Majorie pichardo
Poeta recién llegado
Llovía por la tarde y las voces susurraban en un espacio familiar, un llanto a distancia quien no lo podía escuchar, Frío estaba el día, aumentaba el dolor en la herida y aunque todos su llanto oían poco lo sentían.
Y pensaba en voz baja, en que mi presencia ayudaría, si soy sensible como nadie y al verte así, la nostalgia me invadía, pensé que de tu vida sería, tú que con tanto amor me esperabas y lo bien que me atendías, que decir de mis despedidas, cuando me hablabas de lo tarde que me iría que por ser una joven fémina eso no me convendría.
Ay! Abuela querida la enfermedad se volvió nuestra enemiga, mendiga maldad desgraciada enfermedad, que te ha deshecho en verdad.
Tu mirada ya no es la misma y lo que duele más, es que quizás no volverá a cambiar, tu pelo y tu cuerpo, toda tu complexión ya no es igual, fue tan raudo este mal que en pocos días me arrebato tu felicidad.
Ay mi vieja! cuanto daría por que en esa cama no estuvieras, porque al hablarte me sonrieras y al abrazarte me sostuvieras, es que me duele decir que te extraño estando aquí a tu lado, sólo que eres presa de un mal que te ha arropado.
Cuanto he orado y cuanto has llorado, es un cálculo insensato lo que si sería sensato, es que ocurra un milagro que cierre tus heridas y levante tu ánimo, que salga de tu casa y al regreso, verte en aquel frente estremeciéndote,agitando tus manos y sonriente como siempre, esperando a esta nieta que te aprecia y no ha dejado de pensarte como eras antes, porque aún con tu carácter así supe amarte.
Y pensaba en voz baja, en que mi presencia ayudaría, si soy sensible como nadie y al verte así, la nostalgia me invadía, pensé que de tu vida sería, tú que con tanto amor me esperabas y lo bien que me atendías, que decir de mis despedidas, cuando me hablabas de lo tarde que me iría que por ser una joven fémina eso no me convendría.
Ay! Abuela querida la enfermedad se volvió nuestra enemiga, mendiga maldad desgraciada enfermedad, que te ha deshecho en verdad.
Tu mirada ya no es la misma y lo que duele más, es que quizás no volverá a cambiar, tu pelo y tu cuerpo, toda tu complexión ya no es igual, fue tan raudo este mal que en pocos días me arrebato tu felicidad.
Ay mi vieja! cuanto daría por que en esa cama no estuvieras, porque al hablarte me sonrieras y al abrazarte me sostuvieras, es que me duele decir que te extraño estando aquí a tu lado, sólo que eres presa de un mal que te ha arropado.
Cuanto he orado y cuanto has llorado, es un cálculo insensato lo que si sería sensato, es que ocurra un milagro que cierre tus heridas y levante tu ánimo, que salga de tu casa y al regreso, verte en aquel frente estremeciéndote,agitando tus manos y sonriente como siempre, esperando a esta nieta que te aprecia y no ha dejado de pensarte como eras antes, porque aún con tu carácter así supe amarte.