Ariel Ortiz Campos
Poeta recién llegado
Te extraño...
Con el recuerdo se mezcla la opacidad del olvido, que no quiere ceder y me inunda de vos. De tu sonrisa, siempre un poco triste y desolada pero con esa decoración de vana alegría extraña; de tus ojos visuales y neutros entre las promesas de no llorar nunca más por lo mismos recuerdos; de tu voz, de atardecer y río, reflejada en el vacío de un eco de libertad, libertad que nunca alcanzaste y que ancías más que cualquier cosa en el mundo.
Ya vez que no extraño apenas los momentos, los estados, los tiempos, sino y sobre todo los nosotros, los de ayer, los de siempre; aunque vos ya no estas acá para ser parte de aquello que quedó, de aquello que no sé si era amor, pero basta con decir que era nuestro y lo nuestro no muere, por lo menos mientras no lo olvidemos, mientras que aunque sea uno de los dos lo siga manteniendo en ese rincón del alma donde se mezclan alegría y desazón.
Con el recuerdo se mezcla la opacidad del olvido, que no quiere ceder y me inunda de vos. De tu sonrisa, siempre un poco triste y desolada pero con esa decoración de vana alegría extraña; de tus ojos visuales y neutros entre las promesas de no llorar nunca más por lo mismos recuerdos; de tu voz, de atardecer y río, reflejada en el vacío de un eco de libertad, libertad que nunca alcanzaste y que ancías más que cualquier cosa en el mundo.
Ya vez que no extraño apenas los momentos, los estados, los tiempos, sino y sobre todo los nosotros, los de ayer, los de siempre; aunque vos ya no estas acá para ser parte de aquello que quedó, de aquello que no sé si era amor, pero basta con decir que era nuestro y lo nuestro no muere, por lo menos mientras no lo olvidemos, mientras que aunque sea uno de los dos lo siga manteniendo en ese rincón del alma donde se mezclan alegría y desazón.