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Te hablo mientras el tren siega la noche

penabad57

Poeta veterano en el portal
Ven, acuesta tu brazo sobre el frío.

Es largo el tiempo de los rótulos cuando mi cadáver
arroja una estalactita siniestra.

Es largo, sí, el eclipse de una vida
con el cóndor y el mapa, con los trenes sin ocaso
o sus ventanas ciegas.

¿adónde el limite o el espejo del marfil?

Tiempo y metástasis, luces ¿de qué color?
y esa sombra que advierte la sincronía del reloj
o los sueños con su vértice de hojalata.

El viaje como un corazón sombrío, lunas que ríen
tras el pulgar amarillo, sonidos que han caído despacio
en el eco de un pensamiento.

Yo no sé de la llave, me acompañan los músculos
de la noche y el hogar sin dientes de lo posible.

¿Por qué no he pensado hojas? Brillan los cristales
y un ritmo inexacto nos conmueve.

Somos un acaso, un libro sin pretérito, la palabra
que se almidona como una verdad.

Nos basta un nombre para sentir el silencio
(y hay color y memoria, y signos
y el gusto amargo de una flor inmensa
y los ojales que cabalgan entre la mano maquillada
y los azulejos blancos).

¿era invierno? yo vi la isla y soñé el pétalo y su eterna niñez.
Bajo el ágora los fusiles mienten, el sol es un aeroplano
que cabecea como un pájaro hermafrodita.

Un verso hubiera ensombrecido el dolor,
tan sólo un verso entre las rosas sin espejos.

Me duelen las palmeras o los teléfonos que hablan
de si, de otro, de quizá.

Yo escribo con el rigor perfecto de una herida,
pongo adjetivos de metal, me desnudo sin entender la piel.

Y te busco.
 
Ven, acuesta tu brazo sobre el frío.

Es largo el tiempo de los rótulos cuando mi cadáver
arroja una estalactita siniestra.

Es largo, sí, el eclipse de una vida
con el cóndor y el mapa, con los trenes sin ocaso
o sus ventanas ciegas.

¿adónde el limite o el espejo del marfil?

Tiempo y metástasis, luces ¿de qué color?
y esa sombra que advierte la sincronía del reloj
o los sueños con su vértice de hojalata.

El viaje como un corazón sombrío, lunas que ríen
tras el pulgar amarillo, sonidos que han caído despacio
en el eco de un pensamiento.

Yo no sé de la llave, me acompañan los músculos
de la noche y el hogar sin dientes de lo posible.

¿Por qué no he pensado hojas? Brillan los cristales
y un ritmo inexacto nos conmueve.

Somos un acaso, un libro sin pretérito, la palabra
que se almidona como una verdad.

Nos basta un nombre para sentir el silencio
(y hay color y memoria, y signos
y el gusto amargo de una flor inmensa
y los ojales que cabalgan entre la mano maquillada
y los azulejos blancos).

¿era invierno? yo vi la isla y soñé el pétalo y su eterna niñez.
Bajo el ágora los fusiles mienten, el sol es un aeroplano
que cabecea como un pájaro hermafrodita.

Un verso hubiera ensombrecido el dolor,
tan sólo un verso entre las rosas sin espejos.

Me duelen las palmeras o los teléfonos que hablan
de si, de otro, de quizá.

Yo escribo con el rigor perfecto de una herida,
pongo adjetivos de metal, me desnudo sin entender la piel.

Y te busco.

Me transporta por las vías duras de la vida, por un paisaje de ternura y recuerdos, por un camino a la par con ventanas que suben y bajan como en los trenes de antaño de cercanías. Me lleva por el ahora y el tiempo que se dejó ir, y ese espejo de las rosas... qué decir...

Gracias.

Palmira
 
Ven, acuesta tu brazo sobre el frío.

Es largo el tiempo de los rótulos cuando mi cadáver
arroja una estalactita siniestra.

Es largo, sí, el eclipse de una vida
con el cóndor y el mapa, con los trenes sin ocaso
o sus ventanas ciegas.

¿adónde el limite o el espejo del marfil?

Tiempo y metástasis, luces ¿de qué color?
y esa sombra que advierte la sincronía del reloj
o los sueños con su vértice de hojalata.

El viaje como un corazón sombrío, lunas que ríen
tras el pulgar amarillo, sonidos que han caído despacio
en el eco de un pensamiento.

Yo no sé de la llave, me acompañan los músculos
de la noche y el hogar sin dientes de lo posible.

¿Por qué no he pensado hojas? Brillan los cristales
y un ritmo inexacto nos conmueve.

Somos un acaso, un libro sin pretérito, la palabra
que se almidona como una verdad.

Nos basta un nombre para sentir el silencio
(y hay color y memoria, y signos
y el gusto amargo de una flor inmensa
y los ojales que cabalgan entre la mano maquillada
y los azulejos blancos).

¿era invierno? yo vi la isla y soñé el pétalo y su eterna niñez.
Bajo el ágora los fusiles mienten, el sol es un aeroplano
que cabecea como un pájaro hermafrodita.

Un verso hubiera ensombrecido el dolor,
tan sólo un verso entre las rosas sin espejos.

Me duelen las palmeras o los teléfonos que hablan
de si, de otro, de quizá.

Yo escribo con el rigor perfecto de una herida,
pongo adjetivos de metal, me desnudo sin entender la piel.

Y te busco.

Buenos y reflexivos versos nos propones poetas. Imágenes llenas de pensamientos inacabados que dejan traslucir las ausencias que nos llegan de modo inesperado.
Un placer encontrarse con tus letras y sumergirse en ellas.
Un fuerte abrazo desde los cielos poeticos de este halcon.

 
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